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sábado, 30 de abril de 2016

Un gato perdió la luna...

Un gato perdió la luna, así como yo perdí tus ojos, sabrá la vida lo que se muere, sabrá el destino lo que le espere.

El gato que perdió la luna se lamenta, la luna tiene su corona de estrellas, no le apena.

Un gato perdió la luna, así como yo perdí tus ojos, y se ha caído del tejado y me he caído de tus brazos.

Y se perdieron los sueños y se acabaron las noches, el gato busca en el cielo una estela plateada, la luna busca en la estepa un corazón de esmeraldas.

Un gato perdió la luna y los nenes el camino, la luna se encontró reina y dejó de ser princesa.

El gato se hundió en las sombras, la luna se elevó radiante, el gato nunca más busco, la luna nunca más bajo y la noche se esfumó.

Salvador El Bohemio ®

Arte: Líneke Zubieta



Libre

Eres libre mi amor, libre de llamarme tu amor o de nombrarme tu olvido, eres libre mi amiga, eres libre de serlo, de buscarme y reír conmigo, pero al igual eres libre de plantarte y comportarte como mi adversaria.
Tienes todo el derecho a juzgarme, a sentir decepción, tienes todo el derecho, el libre albedrío para realizar los actos que desee tu corazón, de esto se trata la vida, de hacer y construir tu propia realidad.
Puedes estar aquí a mi lado y abrazarme o en la distancia y añorar lo que la vida nos trepano.
Eres libre, todos son libres de realizar lo inimaginable, de buscar vivir de la mejor forma o de morir de la peor, cualquier día es bueno para enterrarse entre flores o entre mierda.


Libertad

Libertad, libre, sólo tú eliges encadenarte siempre a lo mismo, escoges los mismos caminos y confluyes a los mismos errores, sólo tú eliges el dolor, te aferras a tus creencias antiguas y obsoletas porque eso te dijeron tus ancestros y los de ellos a ellos. Nadie se preocupa por buscar más allá, sólo los locos y los anacoretas, sólo los malditos.
¿Qué nos depara el futuro, qué nos espera al estar tan ciegos?
Me da pena la mal llamada libertad de la que gozas tú y la humanidad, se creen tan libres y son esclavos por elección propia, lo han elegido, eso es lo triste, lo hemos elegido, recorremos el río escarlata, nos dejamos guiar a la muerte, al carnicero ¡Lo elegimos! Elegimos nuestras cadenas, elegimos nuestro fin, elegimos estar así, tristes y malditos por los siglos de los siglos amén.

Salvador M El Bohemio (R)



I
Enclaustrado, encerrado, desahuciado, loco y un poco rabioso ¿No te parece correcto? Deberías de apreciarme mejor, deberías de verme con un poco de simpatía, deberías de haberme visto ayer cuando perseguía tu sombra por todo recoveco y fantaseaba con morderte un poco el alma, deberías de mostrar un poco de respeto al verme merodear por donde ocultas tus sentimientos, mírame cubierto de sombras, fluyendo con la soledad de las noches y los obsoletos días.

¡Mírame si te atreves perder un poco de esperanza! ¡Mírame morir un poco más de lo previsto cada hora!
II
Jugué mal a esconderme y desperté extraviado, no había ninguna mirada ni señal, ni ritmo de corazón que me diera consuelo, que me recordará el estar vivo.

No ha salido bien el juego, perdí la apuesta, perdí mi sendero al perseguir a las estrellas, me fundí con tu ansiedad, ya no es tan fácil encontrarme sin un poco de hielo, licor y humo en mi sangre. Aprende a quererme un poco más cuando por fin me halles, deberías observar como giro alrededor de tus sueños, anhelando tus besos, acariciando tu espalda, provocando el sudor en tu piel.

Deberías de mostrarme un poco de respeto al verme a los ojos y descubrir mi viejo fuego, mi sed de libertad, pues estoy ansioso de salir, de desatar un poco de mi infierno en tu vida.

Deberías apreciar mi locura y acostumbrarte a ella, la locura es la única forma en que yo aceptó tu inmisericorde realidad y esos retazos de nada a los que tú llamas felicidad.

Salvador M El Bohemio
23/03/16 (R)
Imagen Internet




Estoy escribiendo de amor...

Estoy escribiendo de amor...

Y últimamente escribo mucho de amor y me odio un poco por eso, porque el amor no era lo mío, era lo tuyo, lo que mejor hacías cuando me hacías el día y me coronabas la noche, cuando me abrazabas y escribías los mejores poemas de amor con tu mirada y los firmabas con tus labios.

Aquí me tienes escribiendo de amor y no es lo mío, es lo tuyo, pero se quedó conmigo ¿Y qué le voy a hacer?
Estoy escribiendo de amor…

Salvador M El Bohemio

22/03/16 (R)


Es terrible mi amor esta distancia que destroza nuestros corazones cansados e infelices, es temible mi amor este silencio que se cree dueño de nuestros labios y sólo a los muertos reconforta.

Salvador Méndez El Bohemio (R)

viernes, 27 de agosto de 2010

Sólo con los pies por delante regresaria…



¡Sólo así regresaría! No hay de otra, ni para que pensar, ni para que desear.
La vida a veces es como el cauce de los ríos, no siempre se puede creer que el río seguirá eternamente el mismo curso, el mismo sino, no es así, cuando se le da la gana, se desborda y se lleva a padre, hijo, espíritu santo y medio pueblo con todo y fieles de por medio a un viaje líquido al olvido, o al recuerdo según sea el caso o la pena.
Y así se le había venido la vida encima al sujeto que juraba no regresar, o al menos así lo sintió y lo pensó, y ya nada volvió a ser lo mismo, pasó muy rápido, con furia y el llanto, con resentimiento y desazón (La vida no se lleva con nadie que no aguanté), todo se acabó y aquel sujeto lleno de culpas decidió moverse, retirarse, perderse, disolverse, evaporarse como agua. Tenía que escapar por que no quedaba otra, por que no había más que hacer, por que no quedaba más corazón para aguantar, mucho menos quedaba conciencia para razonar de la mejor forma, con el tiempo se arrancaría los recuerdos, con el tiempo se daría cuenta de lo inútil de hacerlo, los recuerdos vienen día a día, camuflados en olores, mimetizados en sabores, fumados, cantados, pintados, leídos, todos se funden con las emociones y vivencias de gente ajena, que por instantes recuerdan a otras personas también ya ajenas.
Sólo por la distancia que ha marcado el tiempo, se traza un mapa de abandono para los que no abandonan nunca, al final no se arranca nada de la memoria y del corazón, salvo las ganas de regresar, y con el tiempo hasta se convence, con el tiempo termina por escapar de la vista de aquellos que no pretendía dejar huérfanos de visitas, se aleja de aquellos pasos que lo llevaron por las calles de su infancia, en otros tiempos, bajo otro sol más amable.
¡No regresará! ¡No regresará! ¡Sólo con los pies por delante! Se decía así mismo, se lo creía, se lo trataba de grabar con fuego en la mente, bajo la piel, en el alma, era una negativa total a regresar. Tanto lo hizo, tanto lo afirmo en su ser, que con el tiempo, incluso el acercarse a las estaciones del tren que estaban cerca de aquel destino reprochado, le producían amargas reacciones y ganas de fundirse con cualquier viento que lo alejará de ahí de forma inmediata.
¿Qué era realmente aquello que le impedía el regresar? ¿Era el rencor? ¡Quizás alguna vez le hirvieron las venas por ese sentimiento! Pero actualmente, ya no guiaba su forma y su mundo.
¿Era acaso temor a enfrentar lo dejado, ver su estado actual, el presente de esas personas, de los sentimientos? De esto no sabía que pensar, si el estado actual, si ese presente era deplorable, él no podía hacer ya nada, pues su ser era ya más el de un desahuciado, de la vida nada quedaba del otrora vivaz joven, de las ganas de sobresalir y de navegar mundo, ahora parecía más un fantasma marchito, el cuajo agrio del recuerdo de un velorio, de una penumbra, no era sol ni luna, no era ni la sombra, ni la pasión ni el amor, nada bueno se podía esperar de aquel sujeto, nada en sí.
Andaba por su vida en plan de olvido, andaba por su vida en plan de escapé, perdía las emociones por doquier, perdía una humanidad que nunca estuvo seguro de poseer, perdía todo en una apuesta que de todos modos nunca quiso ganar, pero dolía tanto perder, a pesar de la amargura recabada en el granel de la desesperación, a pesar de oleadas de soledad constante en una playa de cansancio, a pesar del mismo pesar, del tiempo que come, de la noches que se clavan, de los días como perros, como lobos, como avaros, a pesar de por no tener origen, no tener identidad y ser una nada en una ciudad en la que en sí nadie es nada, sólo una cosa, una oración, un rezo, un mantra mantenía entre labios, en el corazón:
¡Sólo con los pies por delante regresaría…!

Salvador Méndez Z
27/08/10 (R)



jueves, 29 de abril de 2010

Tres copas nada màs

Sólo tres copas, se dijo así mismo, mientras observaba su reflejo asqueado frente al viejo espejo de la familia, ¡Solo tres!-repitió en voz alta, él sabía que las necesitaba, aquél sujeto de mimbre había vuelto a vivir uno de esos días en los que la vida le recuerda que es solo un pedazo de carne que merece ser aventada al viejo asador, o en su defecto tan pésimo, al triturador de carne para después ser dado a los perros callejeros, con la certeza gris de que hasta los perros más hambreados lo dejarían de lado. Esta vidita de siempre, que se estira y se alenta, que se pone tan agria, que le gusta despedazar poco a poco, retazo de vida a retazo de alma, esta vidita que por espacios es tan burlona con los despojos que deja la marcha batiente de los malos momentos que van y vienen de forma tan cotidiana, que la vida misma es una suerte de momento de eterna chinga, por que la vida nunca se mantiene perpetua en una forma dulzona como la de un final tonto de felices por siempre, por que gracias a Dios la vida no es tan ñoña, ni tan sosa, pero también no es tan buena como debería, por que siempre falta algo o se espera algo que nunca llega y en el saco de la autosatisfacción por más placeres que se le echen, siempre será insuficiente, pues el saco está roto, son promesas de logros que aquel sujeto del espejo, que ahora se observa así mismo, logros que aquel nunca ve concretados por la maldita desidia, por ya no querer seguir en la marcha decadente de estos años que son ya tan vale madres, por las telarañas de tiempo que se han acumulado de forma cotidiana, por los deberes de siempre, por las necedades del todo, por seguir sin realmente seguir a nadie ni a nada. Con tanto de todo sin obtener realmente nada ¿Cómo podría a veces cuando todo estaba tan revuelto dentro de su cabeza, salir a lo cotidiano? Pasó bastante tiempo sin dilucidar una respuesta clara y una forma sencilla y al parecer efectiva, de hecho fue por error quizás por capricho, en la tarde simplemente, después de la hora de comida, cuando ya estaba listo para salir pero sin realmente quererlo, físicamente y mentalmente se sentía y veía así mismo de preferencia oculto en un baúl en algún sótano u armario, su mente estaba varada y con la pesadez del alama que eso conlleva, terminó por observar un limón partido que descansaba a su forma moribunda sobre la mesa del comedor, mientras atrás del cítrico, sirviéndole de escenografía maquiavélica, sobre la misma mesa se encontraba aquella botella de “recuerdo” de la fiesta de quién sabe quién, quizás del baile de quince años de la sobrina de algún familiar, pero en fin aquella botella estaba ahí, llena, rebosante, esplendida de un tono azulado en el vidrio soplado; Y fue por aquellos momentos cuando la cabeza más le pesaba, que se pregunto a sí mismo ¿Y por qué no?, vio su reflejo en el espejo se preguntó de nuevo y después con la decisión de los que se quedan cuando hay amor, apuro un vaso remedo de tequilero para poder irse, le quitó el corcho a la botella azulada, sirvió, se hizo dueño del limón mezclado con la magia de la sal y tiró matar con la primera copita, el sabor de la primera nunca es bueno, sintió que se le quemaba la garganta mientras resbalaba al erebo se su ser, para ablandar el pasó probó el limón, un calorcito se expandió desde su estomagó hasta sus mejillas, apuró la segunda copita, está vez el sabor no le pareció tan despreciable y el limón de nuevo acompaño y suavizó la tonada; -¡Otra más!-expresó para sí mismo, aunque el tono fue como si le ordenara a un cantinero de la taberna de la imaginación; la tercera fue la culminación necesaria del principio de una tarde más para ir a la gran ciudad. Dispuesto para por fin salir, le coloco el corcho a la botella azulada y ya con el calorcito producto del tequila circulando por su ser se enfrentó a la realidad, a la calle y al desmadre de la vida; al final sólo pensó que el tequila era como la gasolina necesaria para que arrancara el motor, un motor ya muy oxidado, tozudo y mañoso. ¡Allá vamos!, aunque no vayamos con ganas, pero allá vamos por que no queda de otra, y otra vez a subir al transporte, que bien podría ser una carreta fúnebre llena de cadáveres y al fin y al cabo poco le habría importado, y al fin y al cabo quizás le hubiera hasta gustado, que importa para esos momentos como o en donde se viaje, el chiste es que haya arrancado el motor, que jalé, que se llegué al mismo destino de siempre, aquel que ya harta, pero al que es necesario llegar aunque sea a costa de tres copas de tequila, tres golpecitos para que siga el corazón con su tum tum con su pam pam con su ¡Que chingados!, como se pueda o como se deba, a pesar de que no se coma ni esperanzas, ni comida real, a pesar de que se viva arrimado al pésimo “gusto de vivir” con una responsabilidad mal cumplida, con el honor ya empeñado, el amor cansado, el calor que arremete por las noches y fines de semana, lo antisocial de alguien que tiene que vivir en sociedad y peor aún trabajar así; Tres copas, pero si por el fuera se hubiera echado toda la maldita botella, sólo así, creía ser capaz de soportar otro día u otra noche, tres copas nada más y así fue esa tarde para que arrancara el motor, tres copas al tercer día cuando iba temprano a trabajar, a pesar de que fueran las cuatro y media de la mañana, no importaba que no desayunará nada, en esos días sólo se comían tacos de aire arrimados a la falda y el cobijo materno de la culpa, la maldita culpa de ver a los que le quedaban, tan dependientes de él y él tan dependiente de tres copas para poder salir a enfrentar la muerte lenta de las horas, el funeral de la vida, los viejos sueños del viento y del espacio, de la luz de las estrellas que al llegar a está bolita de lodo llamada tierra es la tarjeta de presentación de unas estrellas que ya murieron, en está vida nos guía la mano de los muertos, derechito a morir, lo cuál no tiene nada de malo, lo malo es que a veces nos morimos antes de ser sepultados, incluso años antes de que nos metan en nuestro féretro, la muerte nos va acostumbrando a su presencia día a día, noche a noche, va arrancando pétalos de la flor de la vida, mientras susurra canciones de cuna que duermen al más vivo para sacarle más muerte –ha de trabajar a destajo, ¡La muy ladina!- ¿Qué se puede hacer?, ha de ser por eso que el vino es la sangre de Cristo, con eso se reconforta el espíritu… santo y amén, diría mi abuela – si la hubiera conocido- A veces alguna alma, de aquellas muy dadas a ocupar su tiempo en ver lo que hace medio mundo, podría pensar que el sujeto de las tres copas era un alcohólico declarado de fin de semana largo, entre fiestas y reuniones para tomar, pero no era así, aquél sujeto de las tres copas siempre pensaba que beber y suicidarse, se tenía que hacer de forma correcta y esa era que si uno se suicidaba tenía que ser a solas de manera intima para despedirse de si mismo, y beber por lo tanto tenía que ser igual, había que beber sólo o mejor nada, así realmente se muere o se bebe de forma sincera. Las tres copas en cambio eran necesarias siempre, desde aquella tarde en que sintió que su motor ya no arrancaba al ver su reflejo cansado frente al espejo familiar, el de sala; Sólo eran tres copas para que arrancara el motor, solo tres copas nada más.

viernes, 29 de enero de 2010

Soy Monstruo

Soy monstruo terrible, detestable, deleznable, deje todo lo bueno que alguna vez tuve, deje aquello que llaman amor, familia, amistad, traiciono al por mayor y me encanta el crujir de los huesos, de las pieles, de las almas, de los sueños, de las ilusiones; Soy terrible, una ruina, y dejo en condiciones iguales a lo que toco, a quiénes me han conocido, me doy asco, soy funesto, pero no puedo siquiera pensar en cambiar, “en ser mejor”, un “buen muchacho”, “un buen hijo”, “un buen padre”, “un buen amante, esposo lo que sea”, ¿Qué me queda?, ¿Qué más me da, que más me viene?, si vivo como un monstruo, si pienso como tal, si habito en oscuridades insondables de mi cabeza, de mi negra conciencia, de mis desamores, de mi alma puerca, ¿Qué, si me dices que me amas?, ¿Qué, si me dices que me odias?, el peor enemigo de mi ser es mi propio ser, la peor barrera que no venceré es mi propia maldad, mi propio andar a la nada, a ser hueco, a ser lo negro, lo fatal, a seguir a un cuervo negro de entierro, del propio entierro.


Ayer te observé largo rato, tan frágil como mis buenos modales, tan buena como lo fácil, tan irreal como mi bondad, me hubiera gustado ser realmente algo mejor para tu camino y no el estorbo, no la zarpa que te desgarra, no el beso de Judas, no el dolor de tus entrañas, no la amargura de tu corazón. Me has visto a los ojos, no creo que hayas visto algo digno, menos hermoso, nunca me transformare en algo bello, no será con un beso que quite maldiciones, mucho menos con un deseo, es inútil, soy terrible, una bajeza, calamidad lame esperanzas, me da asco mirarme con mi disfraz de humano, me da risa el que mis “semejantes” me consideren su igual, me da pena verte tan frágil y pensar tan mal… porque soy un monstruo y no puedo cambiar.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Rincones polvorientos

Todo mundo necesita su espacio, aquì en la vida o incluso en la muerte, todos ocupamos un espacio aquì en el tiempo,en la tierra, en el universo, en el recuerdo de alguien, en la soledad.

Todos necesitamos un espacio,un lugar,una plaza, un minuto alguna hora, dìa, mes o año para existir,un rincòn aunque sea un rincòn maldito.

lunes, 30 de noviembre de 2009

72 horas


Día tres

Hay amaneceres que saben a gloría, otros habrá que sepan a Dios bendito, otros a María Magdalena en los tiempos en los que sabía del gocé carnal, otros más se degustaban mejor con el café en grano que hervía en la vieja olla del padre, a veces eran árticos de piel morada y labios resecos, y en la actualidad ya casi eran nulos los que se disfrutaban sin pena de levantarse hasta muy tarde con el plus de todavía estirarse para sacudirse la flojera de un domingo, ¡Que perdone Dios, pero los domingos tan temprano los dedica el cuerpo a la iglesia del descanso!, de todo hay, bellos amaneceres, amargos amaneceres, indiferentes amaneceres, y amaneceres de los que se espera que mejor ni amanezca, ¿Para qué jodidos? ¿Nada más para seguir respirando de a madres el oxígeno de los anhelos muertos, y para seguir caminando con paso de tonto con mirada de perro apaleado y conciencia de lastre?


Empezaba el día, y fue el amanecer de un domingo de los que aquel tipo ya no disfrutaba, de los malos, de los que es preferible vivir con alcohol en la panza y en el aliento, de los que en todo aquel lugar que llegó a vislumbrar como una esperanza para su apuro, se encontraban cerrados, en los domingos no trabajan los ángeles ni los milagros, han de ir a misa para lavarse los pecados hechos en nombre de la gracia divina, no trabajan más que aquellos a los que no les queda otra y esos no están de humor para salvar a un moribundo que simplemente no se muere.


Los pasos recorrieron las calles de la vida, la vida recorrió los andares del invalido, el pobre diablo supo que su infierno estaba en la tierra en el aquí y el ahora, la gloria es lejana, el infierno simplemente estaba al doblar la esquina del circulo vicioso que nunca supo abandonar, estaba a nada de hundirse para siempre en el abismo de la irresponsabilidad y la estupidez, no hay mayor desgracia que la que uno mismo se provoca y no hay mejor verdugo, ni mejor mano que empuñe la guadaña que la de uno mismo, no hay destino más añorado que el que nunca se realizó, ni mayor desamor que la falta de amor propio.



Él se resignó por última vez en las últimas horas de su pasión, se resignó con la resignación de las almas muertas al dejar la carne, se resignó con la valentía de los que ya no les queda otra más que perder, se resignó con la fe de los que no rezan porque ya saben lo que hay al final de este túnel y de esta vida de monedas echadas al pozo de los deseos que huyeron al amanecer.

A él le encantaría emborracharse por última vez, a él le encantaría aprender un baile alegre antes de bailar ese tango amargo que le espera, a él le encantaría ser obsceno con una piel femenina de baja reputación, bajo un puente en cualquier día lluvioso de algún viejo pueblo, de alguna ciudad de carnaval, de alguna senda de pecado, le encantaría volar al viejo mundo a lomo de ave migratoria, de ave de todas patrias, de ningún lado, de todo mundo, de nunca tuyo, empezar vida en otras vidas con otros nombres, con otros ojos, con otras emociones, con otros tiempos, porque aquí en el ahora ya no quedaba nada, sólo lo que quedaba lo que no se tuvo siempre, en esta carrera de la vida, sólo hay una hermana obscena llamada oscuridad.



El lunes llego, el plazo se cumplió, hay que ser igual de puntual y llegar a la cita del fin de camino, hay que llegar al comienzo del precipicio y aventarse gritando un soberano ¡A la chingada! Mientras se aprietan los dientes, los puños, el estómago, los humos, los años, el corazón, el alma y los sentimientos tan llenos de cansancio.

Adentro, la fila de espera con las mismas caras de soledad, las paredes sangrantes de siempre, aquella musiquilla para tranquilizar al ganado antes del sacrificio, la faz gris de los empleados, sus instintos de sanguijuela, estos vampiros modernos que se alimentan con la sed del necesitado.

Sentado en un silloncito muy cómodo, él quisiera que fuera de púas, para que lo blando no le engañara, la noche anterior entre sueños un Zapata que lloraba lágrimas de tequila le gritaba enfurecido desde el fondo de un barranco de olvido y de promesas dejadas, «¡Tanto pelear y tanto tragar tierra de la revolución! ¿Para que, para nada?», de su cuerpo sangraba más tequila, incluso mezcal, por orificios de bala, por orificios de olvido, por orificios de promesas que muchos transmutaron en mentiras, por orificios de un pueblo todavía hambriento y sediento, una maldición gritaba al cielo ese Zapata y después caía fulminado por la hipocresía de una tierra llena de políticos rateros.


“Su tiempo, su plazo se cumplió y usted mi amigo no cumplió, es usted un desobligado y por lo tanto, ahora debe su futuro y su alma si es que todavía tiene”, le dijo aquel que lo atendió con amenazas la vez anterior, está vez tenía un brillo siniestro en los ojos y en los dientes, parecía un lobo antes de saltar sobre su presa, y su presa estaba tan hundido en aquel sillón como lo estaba el amor en las casas de empeño.

Los regaños de aquel verdugo de corbata y perfume de menta azotaban un huracán la austera fachada de aquel sujeto, « ¿Qué no les bastaba con destrozar sueños, además deben de humillar a sus víctimas?», pensaba aquel sujeto, las paredes bañadas de sangre, a más regaños y humillación se desbordaban más de aquel líquido, aquel cuarto en el que el diablo negociaba, se achicaba cada vez más y todo era más y más asfixiante, «¿Dónde te quedaste Zapata, por qué no completas lo empezado?», fue el pensamiento desesperado que cruzo la mente del sujeto como golondrina herida, mientras le tocaban “las golondrinas” a su libertad de vivir en paz.

Y del fondo del abismo, del barranco de su mente, escucho la voz de un Zapata sangrante que le gritaba a todo pulmón perforado de plomo “¿Y por qué no lo completas tú, por qué no acabas tú lo que yo empecé? ¿Temes acabar con la cara al suelo y la boca llena de tierra y sangre? ¿Qué temes? ¿Temes que te olviden a ti también? ¿Qué te recuerden más como un mito que como un hombre que sólo quiso una mejor vida? ¿Qué pierdes que no has perdido ya?”.

La voz lo cimbro, le pareció escuchar la voz tan dejada al pasado de su propia madre, le hubiera gustado verla aunque fuera en sueños, enfrente de él su verdugo de corbata y perfume de menta sonreía con la confianza de los desalmados, en cambio él, él estaba tan cansado de una mala vida y de un mal fin, así que cansado de todo y con ganas de descansar la carga de toda una vida surcada a contracorriente, se dijo así mismo «Y por qué no»

Lo que ocurrió enseguida fue la interrupción de la musiquilla tranquilizadora por parte de unos comerciales de detonaciones por arma de fuego, que salieron de aquel cubículo, en el que por primera vez en mucho tiempo las paredes se cubrían con la sangre de una de aquellas sanguijuelas, todos miraban asombrados y asustados, al autor de aquella sinfonía macabra de disparos salir de aquel cuartito, con arma en mano y pidiéndoles a todos los presente que se retiraran para que él acabara de saldar su deuda con tan finas personas chupa ilusiones, la gente le obedeció y él permitió que salieran también las recepcionistas de faz gris, los del aseo, los ayudantes y demás víboras y demás alimañas. Cuando por fin se sintió tan solo como siempre cuando estaba consigo mismo, empezó a juntar papeles de archivos muertos de muertos de esperanza que como el habían firmado tratos injustos, después prendió una antorcha de coraje con la cual dio a luz a un fuego quema pecados, en pocos minutos se escuchó el chillar de las patrullas que rodeaban el lugar, siempre prestas cuando el dinero es la víctima del cuento, mientras alguien gritaba que llamaran a los bomberos, pues aquel lugar era una hoguera ya digna del mejor aquelarre, y aquel que decidió que era mejor terminar consumido en fuego que por los años de una vida vendida al desastre y a la intranquilidad, aquel cansado de tanto pedir sin esperar respuesta afirmativa no rezaba, solo ardía, ¡Rezar ya pá qué! Pensaba eso aquel sujeto mientras pensaba que eso mismo había pensado Zapata después de ser acribillado por los fusiles del olvido.



¡Ya pa´qué!



Salvador Méndez Z El Bohemio.

México 12,16,30 de Noviembre del 2009. ®



lunes, 16 de noviembre de 2009

72 horas


Día dos


Navegó el segundo día entre maldiciones a su pasado y a él mismo por la culpabilidad de dejar que pasará lo que había pasado. Tan terrible era el alba como la mortecina luz de aquel fin de semana agrio, resignado surco sin ganas hacia el destino manifiesto irrisorio y tan obsoleto como los viejos sueños, testigos ya solo del nacimiento de sus canas, sin la esperanza de realizarse en un mundo que no obedece los designios de lo fantástico, y las buenas corazonadas sufrieron de malos ataques, el corazón nunca fue buen consejero de la razón, la vida se acabó el día que empezó todo aquello, el joven se convirtió en hombre y el hombre regreso la mirada a la sombra del joven y solo pensó «¡Qué estupidez!», las palabras fueron amargas y crueles, el odio en contra, el que se producía así mismo, era el peor veneno por ser el que le consumía su propia alma.

Este día estaba muerto tanto como el primero, tanto como todos los que seguirían en su vida si no lograba un milagro de los que no llegan nunca, encerrado en su lugar de trabajo, trabajaba en alguna razón para matar el tiempo, mientras marcaba a números con el teléfono de la “súplica”, le marcaba a un dios al que había cremado hace tanto tiempo, al que había dejado abandonado en la urna de madera del olvido, a ese que también había dejado cansado y viejo ayudando a otros a llegar a su destino en transportes que cobraban por dejada con las arrugas que deja el tiempo y el dolor de recordar, a todos llamo en su pensamiento, a todos dejo mensaje en las sombras de una vida, «¡Que ganas de volver!», pero no, eso era imposible, solo recuerdos quedaban del tiempo ido, de aquellas mañanas de sol, cuando era rey de una creación propia y no tenía que vivir de las vidas que nacían en otros, en cuya compañía nunca terminaba de sentirse ajeno y distante, buenos recuerdos, malos recuerdos y pésimas horas que avanzaban lento pero que mataban rápido

Para cuando salió de aquel encierro de necesidad laboral, los nervios se reían destrozados a puñetazos de pensamientos fúnebres. Más en automático que por decisión se plantó en la espera para abordar el transporte que lo llevaría a su hogar en donde nunca se podría consolar metiéndose entre las cobijas, allá en donde se debe ingresar por el portal con una máscara y disfraz de valentía, con porte de torre vencedora, más lo acertado sería decir que el disfraz es prestado y el porte de “la torre” tiene el gran defecto de tener cimientos blandos, desgastados por la falta de voluntad e inundados de hartazgo de luchar en marea alta. ¡Cuántas ganas de irse a visitar el mundo o de tomar por asalto el banco de la buena vida! De dejar lo reiterado, de abandonar el desabrigo, de sumar y dejar de restar lo que nos resta por vivir cuando no se puede asegurar que se vive, de mentarle la madre al infortunio y de mostrarle una mala seña al embustero profeta que se observa en espejo, el mismo que en la juventud pregonaba que el futuro era brillante, nada es real pero la realidad actual… ¡vaya que jode y jode bien!

Terminaba el segundo día más no el tercero y último…





jueves, 12 de noviembre de 2009

72 horas


Día uno

Aquella alma caminaba sin pensar y pensaba demasiado, iba desvalida de vales y dinero, de esperanza y voluntad, sus pasos eran lentos, flojos y no queriendo pasar por más de todo y todo era lo que precisamente le pasaba por la espalda y por los ánimos.

La vida normal sólo demostraba lo anormal de todo y la vida extraña le estorbaba, era un clavo más para estar fijo al madero, madero raja ilusiones, ilusiones de fantasías sepultadas en los amaneceres del alma vieja y cascada.

Su mirada envuelta con su antifaz de fiesta con merienda de ojeras, su esencia sombría y pesada como las cadenas de los muertos, caminaba a paso lento pero llegaba rápido. Y pronto ante él, se presentaba horrida como manicomio la fachada de su destino, y la verdad sea dicho era una fachada pobre, tanto que al verla creyó que se había equivocado de calle. Observó de nuevo el letrero con el que había sido bautizado aquella polvorienta avenida y no le quedo duda, no había fallo, el nombre era el mismo: avenida erebo conocida también como avenida limbo.

Era tan extraño ver aquel inmueble, por fuera parecía más una plaza de pobreza que un consorcio para el dinero, solo cuando ingreso al local fue cuando la realidad le golpeo en su cara gris.

Adentro había ya varias almas sentadas en espera de soluciones, una música calmada escupida por una bocina contrastaba con las caras de todos los asistentes, mientras las paredes chorreaban de sangre y los que atendían en el lugar estaban infectados de una especial empatía por las cosas muertas, el arrebato de la tranquilidad y su fin que era la ganancia de los buitres.



Él se sentó en un banquillo para esperar el dictamen de la condena, se sentó y espero mientras la música de la bocina sonaba a mar y la mente decía tormenta. No había escape de aquel terreno, ya no, no había nada solo la espera y los remordimientos por un pasado dejado de lado que ahora arremetía con fuerza y torturaba los sentidos, otro clavo más y el corazón sangraba por vidas que se van a pique (más si es la vida de uno), mientras las almas desdichadas eran llamadas una a una para ingresar a un cubículo de pesadilla con verdugos de corbata y perfume de menta.



El turno de aquel al que le horadaban las dudas llego y fue invitado a uno de aquellos cubículos de pena, ahí un hombre de apariencia normal pero de ojos deshonestos lo saludo de cordial manera y le ofreció sentarse en una silla confortable, con sonrisa de amigo le empezó a cuestionar del motivo de su visita, esto último a pesar de tener un expediente de hojas de árbol, naturaleza muerta, del tamaño de una biblia o un necronomicón para escribir el nombre maldito de los condenados por deudas de cansancio, dinero maldito-bendito para vivir.

Él, un poco más muerto que de costumbre, un invitado descorazonado contestaba con los motivos del alma, mientras su interlocutor cuestiona más con las interrogantes de lo mundano y lo banal, aun así el verdugo permanece con una máscara de fidelidad a lo humano, de hecho se conforma con lo que le dice el individuo lleno de aspereza, de aquella que hace callo en la voluntad, las palabras iban, entraban en aquel recinto hueco en donde ventarrones de interés dejaban de lado los suspiros de compasiones, ¡qué más da un desdichado menos un desdichado más!, ¡qué más da una vida en penumbras, condena para un desconocido que llega buscando alivio del que no venden en botica! ¡qué más da vivir ardiendo en piel y años, con ojos de hielo tratando de congelar los buenos momentos de lo perdido! ¿importa acaso en el gran río que fluye al mar, que el pez de agua dulce muera entre sales de abandono de un mar indiferente, un pequeño pez importa a un dios, sea del mar, sea el altísimo, sea la virgen?, ¡sea lo sea y sea lo que se deje y se acabe y al diablo todo! Mientras el dinero gane y gane bien, ¡qué importa que hagamos trueque!, ¡ten la corona de espinas, cíñela en la testa, mi hermano, mientras yo bebo de la vid y recibo la plata, mientras tu tranquilidad desaparece y viene la angustia, mientras dejas de dormir y menos pienses en soñar, ni se te ocurra que podrás sentirte libre para amar! El chiste de esta vida sin chiste es matarles las ganas a otros para que no suban árbol y prueben la fruta, los malditos ganan mil veces sobre huesos de los que se piensan buenos, “buena gente”.



Después de que la negativa se interpuso entre los dos, el verdugo de corbata abandona aquel cuarto diciendo que le llevara un registro de que estuvo presente en aquel infierno dejando al cuestionado con la incertidumbre del “qué pasará”, imposibilitado de no poder guiar su propio sino, el cubículo le parecía cada vez más pequeño y el ambiente se tornaba cada vez más asfixiante y la vida se arrodillaba frente a la penumbra de una adversidad avasalladora, no le quedaba otra cosa más que esperar, ¡por lo menos ya saldría de aquel lugar! Sin buenos resultados, pero al menos saldría de ese infierno particular.

En ese momento se abrió la puerta de los condenados y apareció otro verdugo de corbata, este saludo, pero incluso el saludo sonó descortés y más bien fue un aviso de que el desgate y la pena proseguirían con consecuencias funestas.

Esta vez el interrogatorio disfrazado de plática fue más seco basado en la intimidación y en tratar de lograr lo que “el buen trato no pudo”, el verdugo tejió redes de distintas fibras que auguraban todas un mal futuro para acusado, el pobre diablo en cuestión experimentaba un desasosiego y una certeza de un final gris para todo y el derrumbe de su entorno, el verdugo sonreía mientras escupía palabras de victoria para él y los suyos, eran invencibles porque así lo quería una ley muerta de aquellas que solo aplican en contra de los pobres diablos, «¿Qué puede hacer cualquiera, ante nosotros los que nos apoyamos en leyes muertas para matar la esperanza? ¿Qué puede hacer cualquiera cuando nosotros tenemos la única verdad, la que vale, acaso hay dios o diablo que nos pueda detener?».

El acusado, el desahuciado por un momento sintió el sabor de la respuesta en su paladar, un sabor que le indicaba lo que realmente merecía por respuesta el verdugo, solo hay un juez justo en esta vida y ése solo puede ser la muerte y que mejor que la muerte de aquel verdugo de corbata que se apreciaba “intocable”, la juventud hace que todo mundo se sienta inmortal, aunque la verdadera inmortalidad no la soportaría nadie. Él saboreó esa muerte en el paladar otra vez, cansado de tanta bajeza y de tanta mala racha, y aunque por dentro la necesidad de batir esas sangrientas paredes de sangre de los desdichados con la sangre negra de los verdugos de corbata le era imperativo, su civilidad, su presencia en este mundo tan moderno, al que se había apegado tanto se lo impedía, mientras el verdugo le ofreció una última oportunidad de salvarse de ese negro camino, con presteza inusitada le extendió una hoja con letras malditas para un trato perverso, un salvavidas de los que hunden (al cual se aferró el desdichado).

Tenía 72 horas para disipar los negros nubarrones de su presente o el futuro le aplastaría, un vació en el alma, un pesar en la espalda y la terrible sensación de que estaba más solo que de costumbre lo acompañaron a la salida de aquel lugar maldito, con la certeza de que su viacrucis particular apenas empezaba y tendría que sudar sangre para salir de lo adverso.


Todo el día navego por las calles de la ciudad más impura del mundo, atraco en los únicos lugares que le parecían los indicados para no naufragar en la tempestad que se avecinaba, espero en salas de espera en las que la espera mataba y era más probable no esperar nada, hablo con los sordos, les hizo ademanes de súplica a los ciegos , tanto fue su andar y tanta la solicitud de ayuda a los que no ayudan, que al final tuvo que recurrir a una estratagema vil, una rogativa con tono de amenaza de exhibir lo insoportable de esas salas de espera y del derecho del trabajador en el que nadie trabajaba, al final fue esto y solo esto lo que movilizo lo inamovible e hizo que los sordos escucharan y los ciegos observaran, al final le dieron al desahuciado una leve esperanza, envuelta en más esperanza a la que de todos modos habría que esperar para ver si el resultado era positivo, terminaba el día y el tiempo se acortaba… faltaba surcar las inquietudes del segundo día, todavía sentía la pesadez en la espalda, ésto todavía no acababa…



viernes, 6 de noviembre de 2009

"Mi rincòn maldito"

Lo que era
y lo serà
para no ser
nunca lo que fue

viernes, 16 de octubre de 2009

"Intruso"

¿Me ve a mí?
¿Acaso sus ojos se han posado en esté despojo absurdo del tiempo que soy yo?
¡Bellos ojos, sonrisa de invitación!, ¿pero de invitación de qué o a qué, a que se le puede invitar a un fragmento de camino viejo como yo?, viajo en esté andar de pasos de hule empujados por el fuego capturado de las nubes, del viejo Dios griego, ahora es artificial e ilumina todo, me ayuda a mí como a tantos a ir al destino prefijado por un boleto que a muchos les gustaría que fuera para el viejo espectáculo de fantasía, bestias y magia, pero no, solo es para el sendero del destino y de la vida que empuja a seguir a los que como yo no siguen nada ni a nadie.
Te miro un poco con disimulo, me oculto en una indiferencia castrante de emociones, pero en el fondo me devora el viejo lobo de la intriga y el por que de tu interés en esté viejo baúl de recuerdos que no recuerdo ya, te observo por el cristal de esté innoble animal de entrañas y de asientos de polímero, huesos y costillas de metal para que las bacterias que viajamos aquí nos aferremos al llegar a donde sea que tengamos que llegar aunque realmente nos guste el quedarnos en el viaje para olvidar lo que no fue, y tú eres de esas de las que no fueron y menos serán y menos en está persona mía que es tan impersonal y abandonada al no se es y no fue nunca, y tú regresas la mirada al vacío y a la oscuridad del túnel por el que ahora circula nuestro viaje y mi imaginación de lo que no serás se viaja contigo y tus sueños de ninfa eterna y joven mientras tu juventud este y no se vaya conmigo y tu tiempo sea amplio y no se evapore con el bochorno de un sol viejo.
Aprovecho y te observo del todo y descubro que tu mirada y tu sonrisa solo eran un enlace que daba a una fascinación más profunda en mis deseos, no entonas los viejos cantares de las sirenas y aun así me atraes hacía el profundo remolino de tu esencia, naufraga mi razón y sale a flote unas ganas de contemplación por ti que bien pudiera durar toda una eternidad aunque la eternidad en estos tiempos a veces significa solo cinco minutos de ensueño y el ensueño se desborda por mis anhelos mientras el viejo cuervo de la razón me vuelve a tomar con la pregunta que recalca mi reflejo en un cristal cercano; ¿Por qué con este y no con otro más vivo, por qué tu mirar en está penumbra que cubre las buenas vivencias, por que conocer al diablo si se puede conocer a Dios o por lo menos al ángel, por qué derrochar tus ganas de correr en esté ser de pasos lentos?, Y a fin de cuento y de cuentas, a mí me asalta la duda y la fiera del cuestionamiento penoso, ¿Y por qué no, si otros más desalmados sí, por qué siempre el ser ajeno si se puede ser tan cercano?
Tú regresas la mirada al frío que soy yo, me atrapas en el momento de contemplación de la obra de Dios en tu lienzo de carne y alma, tu sonrisa sigue ahí como un tatuaje que indica que la amargura no ha podido violar tu ensueño de princesa de cuento bobo, y mi amargura retrocede ante la emoción que me representa tu representación de una promesa de algo que tu conoces como el principio del amor y que yo conozco como el fin de la verdad, pero tu mirada ya está en mi ser y mi ser dicta que hay que ser valiente ante el enemigo tan cruel de mirada tan dulce, cruel por torturar a su adversario aun antes de capturarlo del todo o al menos físicamente porque del alma ya ha sido abatido, todo esta tan perfecto como el infierno, yo decido dejarme llevar por ti a perderme en tu bosque lleno de lobos provocadores del deseo, estoy tan decidido como la muerte a llevarse al moribundo, y tú, tú simplemente ríes un poquito mientras apartas aquellos ojos de este resucitado Lázaro que se niega a morir de nuevo producto de un cuchillo de filo tan helado forjado con el temple de una broma de traviesa, tú regresas la mirada de bellas luces hacía mi espacio, tu sonrisa regresa como el sol de cada día, pero me doy cuenta en ese momento de claridad perturbadora, que ese sol no me alumbraba a mí, yo no era el destino de aquel juego de Cupido, para nada, yo era solo otro asiento más de aquel transporte, otro trozo de aire intangible e invisible, la dueña de tu mirada, si, la dueña de ti, una mujer tan bella, era otra afrodita sentada atrás de mi, de formas atractivas y ojos perversos, con ella librabas las batallas de miradas, con ella intercambiabas promesas de besos calientes secuestradores de lugares íntimos para pedir rescate en una cama llena de sexo, era con ella con quién deseabas desear saciar todos tus deseos de mujer joven, era un asunto de Venus en donde Marte viejo y oxidado no estaba para como para amarte, porque nada tenía que hacer el Dios guerrero en medio de aquellas amazonas que solo querían pelea a caricias de manos de mujer, en donde las flores tenían su jardín privado y ajeno a lo masculino, el paraíso era solo para lo hermoso de lo femenino y así quedaba perfecto, era ella, siempre ella, yo solo era nubarrones de falsa tempestad frente al inmenso y apacible océano en el cuál se sumergirían para beber de ellas mismas sin nadie más, yo solo era un intruso, y ellas simplemente desaparecieron rumbo a conocerse mejor dejando al intruso en aquel transporte, y yo en aquel transporte olvidado, en medio de las demás almas viajeras de caminos solitarios, no podía evitar seguir experimentando la terrible sensación de seguir siendo un intruso en una vida tan ajena a mí como es ella a Dios y adiós para todos y para nadie.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Debe ser la noche

Debe ser la noche la que me obliga, debe ser la oscuridad penetrante, debe ser mi alma oscura, debe ser la velada y el frío, el ansía que produce lo inimaginable, aquella sensación que de niños nos hacía subir los pies a la cama, al sillón a donde fuera, al interrumpirse la corriente eléctrica y quedarse en penumbras en compañía de lo desconocido, debe ser la soledad que se experimenta en medio de la noche, la noche y su oscuridad que envuelve, que hace sentir su presencia y que nos muestra su boca de lobo antes de darnos la mordida fatal, esa oscuridad que es propicia para los amantes, para los deseos más extraños y prohibidos, la noche abrazada de su oscuridad, noches debajo de puentes, noches de tiempos lejanos inmemoriales, abrazos húmedos en noches de tormenta, besos secuestrados en la noche, canciones de cuna de nanas con caras de santas, noches viejas de dolores mezclados con ron del corazón, café para trasnocharse como búhos vigilando el tiempo, mientras los ratoncitos de los recuerdos van y vienen asaltando la despensa de la memoria, todo es diferente de noche, la vida es otra, la muerte es otra, los buenos hacen maldades, a veces los malditos demuestran un poco de buen corazón, las esposas son lujuria y deseo encarnado a veces insatisfecho pues el marido está con la amante o el amante, los esposos buenos padres de día pueden ser depredadores de lo peor cobijados por la noche, deambulan en los bares, en las avenidas donde se comercia el sexo, debe ser la noche, quizás la luna con su influencia mágica, para muchos incluso maldita, todos parecemos tener una bestia que siempre prefiere la noche para cazar, para liberarse y acechar, detrás de los espejos, detrás del humo del tabaco, detrás de unos ojos de ángel o demonio, detrás de la noche, cada noche nos devoramos poco a poco como perros, como lobos peleando por el territorio por la manada, nos desangramos, nos matamos porque debe de ser más bello morir de noche, coronados de oscuridad para unirnos a la oscuridad eterna, para muchos es la luz eterna, yo prefiero la oscuridad, me agrada en la piel y en el alma, no hay más que decir, no hay más que hacer y más ahora que el alba anuncia el fin de la noche y de la oscuridad, empieza el día y yo vuelvo a nacer para la sociedad para este mundo de locos, tengo que vivir según las reglas del día, fingir que la vida trascurre normal, ¡estoy vivo porque es de día¡, pero quisiera seguir muerto rodeado de oscuridad y de mi vieja noche.

martes, 21 de julio de 2009

Las tuercas


¡Ay olvido, ya me volviste a dar!


Las tuercas


Martín sintió la tuerca "hacer caminito" por su hombro, pegar en el respaldo de su silla y rodar por el piso hasta perderse debajo de la cama, para nada era la primera vez que experimentaba la fuga de una tuerca de su cabeza, al inicio pensó que se le venía encima una crisis nerviosa, simplemente no creía lo que veía y sentía cuando de su oreja le saltaba una pequeña tuerca plateada la cual termino por sumergirse en la bañera. De inmediato quito el tapón y dejo fluir el agua hasta que pudo observar el fondo, no había ni seña de la mentada tuerca; ¡Era obvio que no hubiera nada! Pero es què lo sintió tan real.

Después cuándo le siguió aconteciendo (a veces dos tuercas por mes), empezó a comprender que esas pérdidas eran inevitables y hasta naturales. Con el tiempo esos extravíos se extendieron a tres por quincena hasta llegar a su situación actual de una tuerca por día, ahora entendía plenamente que cada tuerca formaba parte esencial de la maquinaría que era su cerebro y peor aún su memoria, y exclamó: — ¡Cada día una tuerca! Por eso es que cada día se me dificulta tanto el recordar, cada vez soy más lento, las reacciones se congelan, mi cerebro ha dejado de asimilar.


Martín sabía que tarde o temprano todas sus tuercas se escaparían, la maquinaría tan atrofiada ya no se repondría, ya ni siquiera alcanzaría a reflexionar, y fue en medio de ese reflexionar que se escucho otra tuerca caer al suelo y perderse entre la madera.

— ¡Caray! ¡Otra más! Desde que perdí la primera hasta la actual, si las hubiera podido juntar ya tendría suficientes para armar la memoria de un perro entrenado o de un chimpancé de los que entrenan para hacer trucos.

A Martín ya no le preocupaba tanto la pérdida de esas tuercas, al menos no como al principio, pues al parecer mientras más perdía, también perdía la obligación de ser apto y también la culpa por sentirse inútil. El consuelo de Martín era que a pesar de tanta perdida de tuercas en su cabeza, todavía conservaba las tuercas más importantes y esas eran las del corazón, las que proveían el movimiento para entender los sentimientos, para su alma, a pesar de a veces no recordar del todo su nombre, todavía reconocía el afecto y el amor en un beso, muchas veces dado por algún extraño que decía ser un familiar.

Otra tuerca más salió por su oreja derecha, haciendo un salto mortal, cayó al vació, pero en lugar de perderse como la anterior en el suelo, ésta fue danzando en brinquitos hasta salir de la habitación y saltar por la escalera peldaño a peldaño hasta topar con la blanca pared e incrustarse en ella para irse sumergiendo poco a poco, una tuerca màs, quizás una voz del pasado de Martín, que a lo mejor se reproduciría alguna vez creando un fantasma a futuro (una psicofonía, dicen los que saben).

Personas de bata blanca le habían hablado anteriormente de alguna pérdida de memoria “natural por vejez” o quizás por enfermedad degenerativa del cerebro, posiblemente principios de Alzheimer o algo así. Martín lo resumía todo tan fácil, tan solo en una simple frase:

—Todo este olvido es porque se me han estado escapando las tuercas de la cabeza, se me caen, es inevitable…


21/07/09 (R)

Salvador Méndez Z




lunes, 6 de julio de 2009

Encarcelado



Permanecí resguardado por tanto tiempo bajo las sombras del tiempo que realmente nunca supe que hacer cuando otra vez obtuve mi libertad, fue de manera tan imprevista, tan fuera de lugar, todo ha sido producto de un orgasmo de la madre tierra, el terreno sobre mi se desquebrajo, mi prisión se abrió como nuez y a la vez se convirtió en la sepultura de mi celador, la luminosidad del exterior lastimo mis ojos tanto que tuve que permanecer en el interior de lo que quedaba de celda hasta que me acostumbre a ver en esa nuevo exterior, en ese instante me di cuenta que la luminosidad que había fustigado mis ojos no era del todo producto de la gema radiante del llamado sol. Era de echo producto de una perla plateada colgada en el firmamento, la luna llena brillaba de tal manera que se podía observar la campiña a mí alrededor, todo esa magnitud bañada por la luz mágica de la linterna plateada de los poetas, allá arriba en el firmamento.

Empecé a caminar, pero mi deseo verdadero era imitar al ave oscura que en ese momento surco el cielo plagado de luces azules como diamantes, estrellas lejanas. Era yo tan pequeño ante toda esa creación, los ruidos de la noche me cubrieron me hicieron darme cuenta que yo nunca podría alcanzar el firmamento ni siquiera emprender el vuelo para viajar como las aves, estaba casado con la tierra y por más que intentara enamorar incluso enviar mi alma hasta el cuerpo plateado que orbitaba encima de mi ser, mi alma estaba atrapada en mi carne.

El mundo era enorme, quizás las posibilidades infinitas, pero para mi alma que quería ser una con el infinito, con aquella luna, todo aquello era insuficiente, me di cuenta que a pesar de haber escapado de la fría, húmeda y lúgubre prisión, de aquel subterráneo erebo de obscuridad, nunca escaparía realmente, ansiaba ser totalmente libre, flotar y escapar de esta tierra, cosa imposible,

Por ende mis pasos me regresaron poco a poco a la fría morada de lo que quedaba de mi celda, de mi tumba, donde me resigne a permanecer hasta idear una forma de ser libre y ser uno con ese firmamento, unirme con esa joya plateada y preciosa para siempre.




Salvador Méndez Z

06/07/09 (R)





sábado, 13 de junio de 2009

Las virtudes de olvidar.

Hace mucho que aprendí a olvidar, hace mucho que dejé de soñar, tengo recuerdos dispersos de días perdidos hace ya muchas lunas, hace ya muchos soles.
 Vienen y van las horas en la memoria que se a vuelto traidora y selectiva, a veces me llega el olor de los recuerdos y veo colores del pasado mezclados con nostalgia y añoranza, extraño las noches mágicas bajo el resplandor de la luna o bajo las luces amarillentas de las farolas que derrotaban un poco a la oscuridad, extraño deambular por esas calles antiguas y más aun extraño lo que fui un día hace ya tantos recuerdos, recuerdos que pierdo cada día, me los devora el olvido, a veces se atraganta de ellos y me deja solo los retazos.
 Debo confesar que yo, muchas veces yo, he tenido la culpa ya que al ser asaltado por el olvido, no he prestado batalla alguna contra éste saqueador, he permanecido estoico y resignado, deje que se llevara partes de mi alma por pura conveniencia, era mejor esto a lidiar con recuerdos que infringían dolor, me he refugiado en el olvido, le he pedido que me acepté en su morada, a la vez que mi ser naufragaba en el mar de tinieblas que envolvía la memoria de los que me amaron, de los que compartieron conmigo, de los que me siguieron, de los que rezaron por mi.

Al final la virtud del olvido me convenció tanto como para embriagarme con ella y dejar de lado todo lo que forjaba mi ser; al final tuve que ser reconstruido y transmutado en un nuevo ser, sin la bondad que algún día permeó mi voluntad, en futuras remembranzas de mi violada memoria, quizás los recuerdos me parezcan tan ajenos como los sueños que ya no llenan mis noches de un descanso, un descanso parecido al de los olvidados.

Salvador Méndez Zarza El bohemio (R)