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sábado, 30 de abril de 2016


Libre

Eres libre mi amor, libre de llamarme tu amor o de nombrarme tu olvido, eres libre mi amiga, eres libre de serlo, de buscarme y reír conmigo, pero al igual eres libre de plantarte y comportarte como mi adversaria.
Tienes todo el derecho a juzgarme, a sentir decepción, tienes todo el derecho, el libre albedrío para realizar los actos que desee tu corazón, de esto se trata la vida, de hacer y construir tu propia realidad.
Puedes estar aquí a mi lado y abrazarme o en la distancia y añorar lo que la vida nos trepano.
Eres libre, todos son libres de realizar lo inimaginable, de buscar vivir de la mejor forma o de morir de la peor, cualquier día es bueno para enterrarse entre flores o entre mierda.


Libertad

Libertad, libre, sólo tú eliges encadenarte siempre a lo mismo, escoges los mismos caminos y confluyes a los mismos errores, sólo tú eliges el dolor, te aferras a tus creencias antiguas y obsoletas porque eso te dijeron tus ancestros y los de ellos a ellos. Nadie se preocupa por buscar más allá, sólo los locos y los anacoretas, sólo los malditos.
¿Qué nos depara el futuro, qué nos espera al estar tan ciegos?
Me da pena la mal llamada libertad de la que gozas tú y la humanidad, se creen tan libres y son esclavos por elección propia, lo han elegido, eso es lo triste, lo hemos elegido, recorremos el río escarlata, nos dejamos guiar a la muerte, al carnicero ¡Lo elegimos! Elegimos nuestras cadenas, elegimos nuestro fin, elegimos estar así, tristes y malditos por los siglos de los siglos amén.

Salvador M El Bohemio (R)



Hay días que quisiera rendirme, sacrificar el corazón y dejar de buscar tus brazos.
Hay noches en las que mi alma ya no siente alguna magia entre los dos, algún deseo, una satisfacción.
Creo que me he perdido miles se veces al buscarte, creo que tengo que claudicar, ya no tengo más naves que pueda quemar, te dejo las sobras que me quedan de corazón y vida.

¡Me rindo, estoy muerto!

Salvador M El Bohemio (R)


sábado, 28 de noviembre de 2015


Nos perdimos de todo, nuestros cuerpos se han perdido de nuestras caricias, nuestros labios de nuestras lenguas, nuestros sexos de nuestras bocas y nuestras ilusiones se marchitaron en nuestro sueño y nos soltamos las manos y nos perdimos de vista.
¿Nos veremos al amparo de una luz amiga alguna noche? ¿No cubriremos nuestros labios con amor en el lecho que coronan las pasiones? Las respuestas son presa del destino, de la vida y de la muerte, de los pasos que nos lleven al futuro incierto, nos dejamos y dejamos a la suerte decidir.

Salvador Méndez Z El Bohemio (R) 11/10/15



Hay otros sueños que nos aguarden, otras ilusiones en otros ojos, en alguna mirada con deseo, y no habrá ya màs reconocimiento en torno a nosotros y veremos como la vida danza a su manera con cada uno. Te dejas llevar, me dejo llevar, nos lleva la vida, nos lleva el amor, nos lleva la muerte, nos llevan las alas de un desapego.

Salvador Méndez Z El Bohemio (R)


lunes, 24 de agosto de 2015

Misteriosa y terrible...



Misteriosa, terrible, nebulosa en la espesura de este oscuro y gélido terror, entre las sombras que empiezan a ser tan cercanas y familiares.
Llegas vestida de noche con esencia de muerte y sueños tan rotos, aúllas por amor, buscas en las cenizas de viejos deseos, de pasiones de fuego en alcobas llenas de calientes caricias, rasgas la existencia misma con tu mirada de luna, severa, áspera perfección del misterio.
Hay más ardor entre tus labios que en las mismas fauces del averno, caliente resequedad de la piel que espera en las madrugadas, asfixiante resolución de saciarte y que me tengas.
No te niego, ni me escapo de tus brazos que se rodean de fríos quejidos en el viento, al contrario me pierdo en ellos, me acaricio entre las calles y te busco a media noche en los recovecos más lejanos.
Hay algo en ti como la muerte, eres fría piedra, seca de sentimientos pero a la vez eres cercana a mi alma negra que no te temo más bien te deseo, te necesito, es una fatalidad tenerte pero mi ansia no decrece.
Recorres las noches del tiempo con tu mirada tan negra, espesa y profunda como el infinito, como la misma muerte, mi corazón busca la felicidad entre las fauces de un hórrido sueño, dejo mi cuerpo a la intemperie, soy una ofrenda echada al río eterno, saciarás tu sed conmigo, me rendiré al olvido entre tus fauces de horror y tus besos de mujer.


Salvador Méndez Z El Bohemio
 México 24/08/15 ®



martes, 21 de julio de 2015

No escribo de nada....


(4)


Los errores me crucifican la conciencia, me despojan de buenas esperanzas el pensamiento y todo se torna a la penumbra, aun así no tengo pena, penar es acercarse a los labios de la muerte, no me pierdo en los brazos del dolor, trato de ser empático pero no se puede, el placer no deja tiempo para ésas cuestiones, no hay de qué hablar más, los sentimientos están ebrios, dan vueltas, suben y bajan sin remedio, el corazón nunca ha sido el ideal para ser dueño de nada, para controlar ese viejo pedazo de alma, deja libres a los sentimiento y lo arrasan todo, de estas razones viven los locos iluso, incluso más los que se creen cuerdos.

Y yo no escribo de nada, porque todo está escrito, no queda de que escribir, no hay nada qué decir, el amor es una necedad, se mueve entre tumbas gélidas de las que no aflora nada, lágrimas y fuego, rosas negras y siniestras ninfas y no sirven de nada.

La muerte es cosa segura para todos, y debe de haber una suerte de encontrarla hermosa cuando es necesaria, es una beldad el fenecer entre amorosos brazos cuando es en buen tiempo y la oscuridad besa nuestros parpados, o al menos eso se espera.

Y no hablo de nada, no hay de que escribir, ni expresiones que valgan la pena.

¿De qué habló de qué va esto? ¿De los cuerpos y los besos? ¿De qué hablamos corazón? ¿De todo lo que ya se habló, de lo que se habla a diario?

Los cuerpos colisionan en los lechos, bajo sábanas, se enredan, se penetran unos a otros, se gozan, eso es la misma eternidad, es celestial, cambian los protagonistas de este fin, pero el fin es siempre el placer,

Pero de todo esto ya se habló, ya se escribió, es la misma melodía de siempre, viejos amores, odios, temores, la vida es solo un punto de conciencia en un mar inmenso, somos peces de ese mar, estamos a la deriva creyéndonos dueños, no hay nada que decir.

Siempre lo mismo, siempre será igual, aunque se disfrace con varios matices de realidad, son ilusiones de avance, de “evolución” de una especie que siempre será gobernada por sus propios demonios, niños que juegan en la eternidad, pequeñas llamaradas en medio de un gran y horrible vacío y no hay de qué hablar más.

Salvador Méndez Z El Bohemio

México 10/07/15 ®





Derroche



(3)



Estoy malgastando mis noches de amor y mis tiempos de cordura, la fe y las esperanzas se me cuelan por los bolsillos en este mi insípido abandono, las horas se desnudan en mi piel, son puntos fríos en el horizonte, estoy malgastando los años en placeres turbios, búsquedas de felicidades trémulas, la felicidad debería ser no buscar nada, no necesitar nada.

No se debe malgastar el alma con rezos y credos repetitivos, la perversidad es más honesta en nuestro corazón que es envidioso por naturaleza, no hay que malgastar las ropas, los utensilios, las habitaciones y los campos de los viejos padres, ni las amistades porque todo se deteriora, ni las caricias ni el placer, es preciso usarlas con ganas y no con simple suerte. Soy un rompecabezas de necedades y pensamientos, no hay nada que leer, nada que pensar.

Reniego de malgastar las letras, los pensamientos y la escritura en jodidos ruegos y súplicas, en escrituras y poemas tontos, y de todos modos en eso derrocho mares llenos de mis horas, se me escapa un universo del pensamiento cada madrugada, se malgasta la imaginación, trató de atarla con telarañas de vino y vicios, todo es inútil.

Voy a realizar una obra de caridad, voy a quemar estos sueños o pesadillas, voy a disolver estos fantasmas, estos castillos que derribare serán la tumba de estos anhelos, encadenaré a la bestia cruel que se llama corazón, besaré el borde de tu cuerpo para olvidarme del vacío en el que malgasto todo mi presente, mataré todo este sentimiento o lo malgastaré una noche más.


Salvador Méndez Z El Bohemio

México 09/07/15 ®


No nos espera nada



(3)

No nos espera nada

No nos espera nada, ni el calor que reseca nuestros labios, ni el viento que jugueteaba con tu cabello dador de gracia entre mis dedos, ni los sueños envueltos en sábanas de infinito que coronaban nuestras almohadas de lunas llenas.

No queda nada de aquellos días, solo velos de recuerdos horadados, dejamos esas viejas posesiones, travesuras típicas de los amantes, vistas a lo prohibido, no, no hablo ya de nada, los amores fallecen encadenados a pilares de olvido, no esperamos más de este vivir y de este seguir correteando nuestras sombras.

No hablemos de pasión, ni busquemos belleza en el pasado, estos labios en estos párrafos inocuos, esta burda imitación, este intento de respirar entre las letras.

Te podría dar algo mejor, quisiera, pero mis manos están vacías, desnudas de todo lo que agrada a tu mirada, no tengo ni fe, porque no nos espera nada, ni futuro, entre los brazos de nuestras madrugadas, intentos fallidos de un amor que fenece.


Salvador Méndez Z El Bohemio

México 08/07/15 ®


Desamor



(1)


Y nos alejamos cada día más, separados por un oleaje salvaje de tiempo gris que nos aplasta los sueños cada día.

Las caricias se trasforman en heridas que rasgan la realidad frágil entre las sábanas en donde los besos no consuelan ni desahogan el llanto y en tus ojos se pierde la luz.

Y nos dejamos como viajantes que se pierden entre las multitudes sin despedirse, caminantes huérfanos de patria, nos perdemos de los lugares amados, del lugar cálido de nuestro corazón.

Nos separamos y dejamos a los demás el desnudo cristalino de las almas que se hunden entre viejas pasiones y esperanzas ¿el dolor existe todavía o es la costumbre de sentir dolor lo que se siente en los viejos pliegues de nuestras pieles?

Las melodías viejas del corazón ya son obsoletas y se marchitan las flores horarias del tiempo amargo que sacuden el alma ahogando todo en este jardín de ocio, esta resequedad en las manos que ya no escarban entre las nubes para hallar lunas paletadas, hay dunas muertas de repletas de estrellas moribundas, estoy hablando de lo que no existe para soltar tu mano y dejarla fluir entre nieblas que te envuelven los recuerdos como amantes.

No hay vida más que cuando se ausenta, no hay amor porque es químico su esencia y el resultado y viceversa, observo tú mirada dirigida a la oscuridad del espacio, y yo no tengo que seguir tu mirada para ver estrellas, yo sé que las estrellas adornan tus ojos y me deleitaba con ellas todas las noches.

Hay oquedad en tu alma, un pozo negro que me es imposible llenar con lo que me quema el alma, no puede mi soledad batir tu mirada de pesar, nos abraza la tristeza y jala por tu piel mi sentimiento agotado.

Mascaradas, risas falsas, sollozos, todo cae en el abismo, un hueco abre sus fauces, la ilusión se enluta con el desamor, nuestros labios separados, el deseo anudado y la carne se enfría, las manos, nuestras manos se alejan.

Y aun así nos abrazamos tanto.

Salvador Méndez Z El Bohemio

México 05 de Julio del 2015. ®


domingo, 5 de julio de 2015

"Ni siquiera, señores del jurado,
padezco, como alega mi abogado,
locura transitoria.
Disparé al corazón que yo quería,
con premeditación, alevosía
y más pena que gloria."

Joaquín Sabina


viernes, 2 de enero de 2015

¡Buenos días! -le dije esperanzado
Y ella no contestó, se siguió de largo, su cabellera relumbro con el sol en chispazos de magia, sus piernas volaron alejándose y sus hombros me susurraron no hay nada....ni siquiera un adiós...

21/09/14



sábado, 24 de agosto de 2013

"Competencia"

En el viejo cementerio, cercano a la plaza de los desamores, entre ruinas grises y polvo viejo, entre olvidos y recuerdos de telaraña, entre ecos y recovecos (y hasta psicofonías para los más modernos); Se encontraba una silueta que más que silueta parecía una madeja de tiempo, una resignación y una oración de eternidad. Era la silueta de la vieja muerte hincada al lado de la figura a medio derruir de un ángel, una muerte que estaba introspéctiva, con sus milenarias cuencas vacías clavadas el suelo terregoso del camposanto, perdida en pensamientos, en cuestiones muchas cuestiones, y es que en esta vida hasta a la muerte le va de vez en cuando mal el negocio. Que dentro de un mes a un viejecito le tocaba su hora (la vieja huesuda ya lo tenía en su agenda), y ya dispuesta estaba a llevarle su fin a la cama, aderezado con un delicioso paro cardíaco, todo estaba planeado para esa misma noche. El problema fue que ese mismo día, un mendigo microbusero le gano a la flaca, al conducir a exceso de velocidad se llevo de filo al pobre viejo... La cita se quedo cancelada.
 ¡No puede ser!...Que dentro de una semana iba a llevarse a un pequeño por enfermedad, ¡pues no! ¡cita cancelada! ¿Qué por que?, Pues el bendito infante se aventó desde un cuarto piso..(no soportó el bullyng)..Que dentro de unos meses se iba a llevar a una parejita, uno por enfermedad grave otro por la inminente soledad...¡Pues no!.. la de la enfermedad grave se curó, ¿Un milagro?(quién sabe, y es que Dios luego no avisa ni actualiza el facebook y no manda siquiera un twitter...) y al que se iba morir de soledad, le salió un segundo amor (del cuál no se ha enterado hasta la fecha la ex enferma).
¡Ok! -dijó la muerte - Allá va un microbús y acá lo esperan unos maleantes , de los que disparan y después avisan que es un robo. -Aquí de seguro trabajo y me llevó alguno.
Los maleantes suben al transporte con sonrisas de "buenas gentes", los pasajeros los miran desconfiados (Con esas caras de naguales, ¿cómo no?), la muerte se truena sus huesudas falanges, "Aquí si la haré"- Se dicé asi misma, se echa porras. Los asaltantes se disponen a presentarle a  los pasajeros, sus viejas amigas escupe plomo...de pronto, el cafré del chofer (cosa rara, ¿otra vez?) se pasa un alto y un auto rojo que en ese momento atravesaba...¡Crash! Crounch! y ¡Ouch!. ¡Qué horror! y yo que ya afilaba la guadaña. 
Los rateros y pasajeros se confunden en un revoltijo de masas deformes. ¡Parece un licuado! -dice la huesuda deprimida.
¿Donde iré? En éste lugar, en este planeta, ya no hay lugar para una muerte digna, una muerte común pero en paz. Ésta gente sólita se mata, sólita se muere, no requieren que alguien como yo les ayude a un buen fin. Obviamente la vieja huesuda sabía que desde el principio del tiempo se habían producido infinidad de muertes violentas, multihomicidios terribles, vejaciones, enfermedades terribles y demás situaciones desfavorables para el ser humano. Quizás por éso mismo, ahora en la actualidad, supuestamente con más tecnología habría menos mortandad violenta, ingenuamente la vieja muerte llego albergar esperanzas de que su labor sería (un día) la más adecuada y noble, la de una muerte en paz. Le costaba trabajo entender que entre más avanzaba la gente de este planeta, menos posible era su sueño. La gente siempre sería terrible para su propia raza (y para las demás), unos niños terribles que son mucha competencia para la vieja muerte, son pésimos para el viejo y serio negocio de encaminar al "ser" en paz.
Niños jugando con muertes de alas negras o de fuego sobre un mundo de sangre, flores grises y putrefacción.



martes, 18 de enero de 2011

“Lo voy a dejar por la paz”

Lo he decidido, lo terminarè, lo dejarè en los momentos, en los espacios vacíos, en los minutos, lo acabaré en polvo, lo dejaré en los bosques, con la naturaleza indómita, con los lobos, con las brumas, con lo desconocido e impronunciable, con lo profundo, lo cambiaré por los párrafos, por los suspiros del alma, por sus ideas, dejaré que el río se lleve las imágines, se disolverán en el ayer, se acabará el tiempo de reyes, de dioses y demás poderosos, por que lo dejaré, lo cambiaré, los abandonaré a su suerte en papel que se marchita, que acaba en hojarasca muerta de nidos de insufribles.
 Me despertarán un día y me cobijaran, otras ilusiones de magia y noche, de humo y gozo. Dejo huérfana la vieja escuela de ángeles de moderno Miguel Ángel, me voy, me escapó, buscó nuevos mares con voces que guíen, que roben tiempo como joyas, pero a cambio den moneda más valiosa que cualquier cáliz precioso, que me den su esencia, que me regalan la materia de Morfeo,  acabaré soñando con ellos, los acompaño y vivo a la par, no me pierdo, no me voy, a veces me olvido, vivo en terrenos quejumbrosos, austeros, malditos y dejados de buena fe, pero al fin y al cabo míos, me regocijo en ellos, danzo, vuelo, sufro pero agradezco hasta la penuria, mía o ajena, me dan santo y seña de que todavía estoy presente, de que todavía sigo aquí, no espero más porque mucho me he desesperado, me disuelvo cuando es tiempo, me refugio en los senderos de la carne, en el polvo de tierra añeja, al final los dejo por la paz, las ilusiones del infante, los amigos de lo fantástico, me vuelvo un poco más viejo con la luna, me vuelvo un poco más muerto, viene el hacerse maduro y un poco más seco, no deshecho todo mi amor por los sueños, ahora me llegan en cofres bellamente impresos, ahora los entierran en todas playas los bucaneros del pensamiento, los modernos soñadores, los modernos profetas de la palabra,  los creadores de paraísos que nunca excluirán a nadie, al final sólo es una despedida a mi noveno arte.

viernes, 8 de octubre de 2010

Anhelos

Entre constelaciones de anhelos circula la gente de esta vida, en esta ciudad, en este tiempo y espacio, van y vienen los anhelos como estrellas fugaces, van y vienen en infinito de pensamientos y de ideas. Somos mortales, somos finitos, pero nuestros deseos son inmortales, nuestros anhelos, no mueren fácil, van y vienen con nosotros, nosotros que atiborramos un hormiguero urbano, nadamos en anhelos, bebemos de ellos, nos hundimos, morimos por ellos. ¿Se puede vivir sin anhelos? ¿Se puede pasar por está existencia sin experimentar un deseo tenaz por “algo”, por realizar un proyecto? No conozco a nadie que pasé por este mundo sin pensar en una meta, aunque sea mínima, aunque sea algo prescindidle, algo material, algo pasajero. Todos estamos y vivimos por algo y ese algo nos mueve, nos impulsa. Todos deseamos, todos anhelamos, quizás unos más, quizás unos menos, pero aquí estamos ¡Y anhelamos!


José Francisco tomó tarde el camión, dirección su humilde hogar, lo tomó en avenida Reforma, cerca del viejo zoológico de Chapultepec. Como siempre, el camión iba repleto de gente estresada que había por fin conseguido escapar de los centros y edificios de trabajo, todos apretados, todos acalorados, todos resignados (El tiempo no pasa rápido cuando debe, muchas veces ni cuando puede, parece siempre volar cuando la gente está a gusto pero tardarse de más cuando cada minuto tortura).
 José Francisco (Panchito para los amigos) trataba de “pasarla”, lo mejor posible, aunque a veces sólo la “aguantaba” con un poco de alquitrán en los pulmones y alcohol del bueno, del que nubla la conciencia. José Francisco sentía irse la vida, sin que el logrará avanzar en sus metas, parecía una tortuga mítica, enorme, grandiosa, resistente… ¡pero totalmente lenta!, la vida lo rebasaba, lo dejaba muy atrás, se quedaba enterrado en una arena de cotidianeidad, en donde sólo de vez en cuando sacaba la cabeza para respirar y ver que el mundo era siniestro, salvaje, en constante cambio, pero para mal.
No se trataba de optimismo, no se trataba de salir cantando y creyendo en una felicidad intangible, se trataba de realizarse y realizar lo pendiente con el alma. Los esfuerzos eran realizados, los resultados eran nulos, no había a quién echarle la culpa, así es la vida así es la suerte, aunque está última realmente no tiene que ver. Colgando sus esperanzas como su mano de un tubo, de una agarradera del camión, colgándose de sus pensamientos, de sus anhelos, ahí iba José Francisco, observando la gente en las calles sobre paseo de la reforma, “gente bien” “gente bonita”, entrando en galerías, en los cafés, en los centros de diversión, en los grandes hoteles y restaurantes, se veían rebosantes, felices, -¿Acaso será que la felicidad es un simple sinónimo de dinero? José Francisco (Pepe Pancho pa los cuates) sólo observaba; él era tan igual a cualquier otro José Francisco de esta vida, yendo y viniendo, trabajando, comiendo, conociendo, rezongando, respirando, fumando, bebiendo, sufriendo, gozando, platicando, ligando, fajando, existiendo, no del todo convencido de que lo que ha hecho, en esta vida, este bien hecho, de que sus logros no sean tan excelsos, resignándose con el tiempo y con los años a cuestas, al final, después de tanto cuento, finalmente muriendo (no queda de otra), así era el buen José Francisco, agarrado al tubo del pasamanos del camión, con el cansancio castrando, observando a través del cristal a todo ese mosaico de almas danzando por las calles de la ciudad, todos por aquel rumbo, un rumbo de “gente bien” se veían felices, todos menos uno, uno que José observó detenidamente, mientras el camión se detenía al momento por la señal roja de un semáforo.
El tinaco (pa los cuates) era un niño de la calle, de 9 años, regordete –por lombrices-, al cuál siempre se le podía ver haciéndola de payasito, vende chicles, maguito y muy posiblemente futuro tragafuegos, a la vez que en intermedios cuando el río de autos seguía su curso, aquel niñito apodado el tinaco le hacía al astronauta o al aviador, esto por medio de una “mona” a la cual se aferraba, a la cual anhelaba, la única cosa que le permitía soñar y sentirse mejor, día con día, vida con vida, aspiración tras aspiración, sumergiéndose, cobijándose en los brazos de un psicodélico Morfeo.
Aquel chamaquito no tenía más anhelos en este vida, más que los del día a día, principalmente: tener algo para comer, “algo pa hacer diente”, después de eso tener “una buena venta”, un buen dinero para que cuando se junté con los demás a contar la ganancia del día, su padre no le de unos madrazos y su madre no le diga mil groserías. El buen Tinaco es acompañado casi a diario por un hermanito que esta por cumplir 6, esté hermanito cumple la función de “ablanda corazones”, se coloca junto a su hermano a la hora de ir de auto en auto pidiendo dinero. Así es la vida de Tinaco que apenas recuerda otra vida tiempo atrás, allá en provincia, en el pueblo natal, cuando vivían en una modesta pero toda suya, casa, vivían, quizás, también al día, pero recuerda que en esos tiempos tenía más tiempo para jugar, no tenía que esquivar coches, no tenía que aguantar calor, lluvia y frío a quemarropa. Su padre trabajaba en la milpa, su madre le ponía más atención a él y sus hermanos, quizás había regaños, quizás había algún maltrato, pero no se comparaban, para nada, con los que recibía en la actualidad. Quizás su único anhelo a futuro, sería el que su hermanito, ahí en el camellón jugando con unas ramas y un juguete barato, no tenga que seguir pidiendo dinero, ni haciéndole al payasito, vendiendo y mucho menos moneándose.
Por un momento el Tinaco detiene su mirada en un automóvil de lujo que se detiene en ese instante, no se puede ver al ocupante, pero es obvió para el pequeño Tinaco que es "alguien de mucho varo".

El Sr. Francisco Eduardo José, ha tenido siempre muy buena estrella, hijo de un industrial muy exitoso, con los medios necesarios dados desde nacimiento, con una educación en los mejores institutos, tanto nacionales como extranjeros, con un círculo social de lo más exclusivo. Sus anhelos, que más bien para él fueron sus metas, las llevó a cabo a los 28 años. Ahora a los 40, era reconocido en cualquier plaza financiera como un líder nato, nadie podía imaginar o concebir que hubiera alguna meta, algún anhelo, que todavía no se le cumpliera en esta vida, ¿Sería posible, acaso algo así en una vida como la de esté personaje? Desde hace ya bastante tiempo, este gran maestro en le arte de hacer dinero, este gran hombre de sociedad; se había dado cuenta de que no era y nunca lo fue un gran padre y un gran esposo. Su vida y dedicación había estado enfocada sólo a sus metas y con esto, olvido las de su familia, de vez en cuando le hacía al padre, de vez en cuando parecía un hombre de familia, pero realmente era ajeno a esto. De vez en vez camino a la oficina, no le quedaba más que anhelar el tener un mayor acercamiento con sus familiares, sus hijos, sólo se dedican a dilapidar y tener una vida de excesos terribles, se drogan, aunque se lo negaban, su esposa ya sólo lo es de nombre, ni todo el dinero del mundo le valdría para tener una mejor relación, pero el anhelo, ahí estaba en la caja fuerte de su corazón. Eso pensaba, eso creía, eso anhelaba, en aquel instante en que el chofer detuvo el auto, en aquella esquina de siempre para bajar por el periódico como todas las mañanas (una excéntrica costumbre de aquel hombre rico), un niño regordete, un niño de la calle se acercó a vender algo, el hombre del auto, apenas si lo notó.

Por otro lado el Pepón, también conocido como Pancho Matadero, esperaba paciente, como lo había hecho todos los días desde hace un mes, observando siempre al objetivo, muy puntual, siempre en aquella esquina, hoy era el día elegido para llevar a cabo lo planeado por tanto tiempo. Esté sujeto, no tenía más anhelo que el cumplir con su misión, una misión de muerte, no tenía más deseos que los de vivir a costa de la sangre de sus semejantes, mataba extorsionaba, violaba, sin gota de remordimiento. Así lo había hecho desde los dieciséis cuando se escapó de un fracaso llamado hogar, al poco tiempo cayó en el tutelar por unos cargos de robo con violencia, al salir, se gradúo en muy "buenas" malas mañas, todas aprendidas en el centro de “readaptación”, después se afilió a una banda de traficantes, en donde con el tiempo, fue asignado a una célula de “finas” personas que se dedicaban al arte de llevarse a la gente en contra de su voluntad, dicho más claro, a secuestrar. Actualmente ya adiestrado con maestría en esos andares, por días se había dedicado a observar a su presa, lo siguió para cualquier lado, con mucha discreción, cambiaba de auto seguido para no ser reconocido, se familiarizo con su futuro “cliente” de maneras insospechadas, ya sabía a que horas salía siempre de su casa a la oficina, a que horas iba a comer, a que horas se retiraba, a que horas era más vulnerable, y por fin se dio cuenta que siempre en el transcurso de su casa al trabajo, su presa tenía la manía de ordenarle a su chofer detenerse en una conocida esquina de la avenida Reforma y comprar el periódico; a pesar de ser una avenida muy transcurrida con buena vigilancia, era en está, en donde se presentaba la mejor -si no es que la única- oportunidad, para cumplir sus anhelos, tan viscerales, tan animales, tan culeros, sólo pensaba en cumplir con su objetivo, sólo pensaba en huir rápido, aunque seguro tendría que mandar al otro mundo al chofer. Su acompañante malencarado, no importaba tanto, otro matón más, con ningún buen anhelo tampoco, quizás si acaso, el que le hagan un famoso corrido cuando sea un narco famoso. Anhelos de dinero fácil, anhelos de matar y salir sin castigo ¿Qué más se podría esperar de tal calaña?

José Francisco no se lo esperaba –realmente nadie, quizás sólo la muerte-, mientras observaba a la única persona que él veía infeliz en aquellas calles de “lujo”, persona la cual era un niño de la calle, quien en ese momento se acercaba a pedir en donde estaba estacionado un auto de lujo, mientras en unos de los camellones cercanos jugaba otro niño de menor edad que en la inocencia de su edad jugaba feliz a pesar de su entorno sin buen futuro, mientras otro auto arrancaba en la esquina opuesta y en instantes frenaba al lado del auto de lujo, dos sujetos salieron del auto, ¡dos sujetos que en instantes empuñaron terribles armas de fuego! y en escena terrible, ¡dispararon sin más en contra de alguien que se acercaba al auto de lujo! y en menos tiempo intentaban sacar a la persona que iba en el interior de dicho auto. El niño de la calle se aparto lo mejor que pudo del auto de lujo, en la cercanía una sirena estallo anunciando el extraño arribo oportuno de la policía –han de haber estado desayunando cerca-, los asesinos titubean sueltan una ráfaga de plomo caliente para adornar la carrocería del auto de lujo y si es posible la del ocupante al que nunca pudieron sacar, los dos corren a su auto y emprenden la huída de manera por demás frenética, no respetan personas delante, autos o lo que sea, chocan con otros, se suben a la banqueta o al camellón, se escapan, 5 minutos después llega la patrulla, los oficiales se bajan a revisar, reportan. Todo es confusión hay gente histérica, alguien tapa al balaceado en la banqueta, José Francisco esta atónito, no sabe que pensar, no lo intenta hasta que ve al pequeño niño de la calle correr.

El Tinaco esta mudo de miedo, apenas puede creer lo que vio, su cerebro infantil apenas le da un tenue entendimiento de lo ocurrido, tan cerca estaba, tan cerca vio a la muerte coser a balazos a un pobre tipo que bajo del auto por un periódico, el terror lo hizo reaccionar, se alejo y se escondió detrás de otro auto, después de minutos eternos, se escucha una sirena a lo lejos y los gritos de frustración de los hombres que no tardan en soltar más plomo y escapar en su auto haciendo destrozos aquí y allá, la gente grita, el siente sus propias lagrimas descender por sus mejillas, se atreve a salir de su improvisado parapeto y observa hacia donde esta el auto de lujo, ve que la patrulla va llegando y un hombre adentro del auto se asoma asustado, tan asustado como el buen Tinaco.

Don Francisco Eduardo, ya orinado, de tan terrible susto, apenas si conseguía asomarse por una rota ventanilla de su auto de lujo con nuevos orificios de ventilación hechos a plomo, estaba anhelando la cercanía familiar y más fue la cercanía de la muerte lo que experimento, petrificado en su asiento, observó el arribo funesto del otro auto, a los dos sujetos que sin remordimiento mataron a su chofer, después su intento por sacarlo se su auto, la sirena a lo lejos, la cara de odio de aquellos dos, odio que sacaron con plomo contra su auto y contra su persona, él se agacho buscando una seguridad que no era total, mientras por sus piernas se le escurría el miedo. Después, un arrancón anunciando la huída de aquellos dos, los gritos de la gente, escucha que alguien dice que llego la policía, eso le da el valor para salir, ve a su alrededor, alcanza a ver a un niño que sale de atrás de un coche cercano y corre a un camellón cercano, los policías le hablan, él no escucha y si escucha no entiende del todo, está aterrorizado.

José Francisco ve como el pequeño de la calle llega corriendo al camellón, se arrodilla y grita. Ahí José se acuerda con terror del niñito menor que jugaba por esa zona, se estremece, se baja del camión del que antes otros más morbosos ya se bajaron, se acerca y lo que ve lo deja sin aliento, se le humedecen los ojos, más policías han llegado, empiezan a pedir a los curioso que se alejen, José Francisco lo hace, con dolor seco en los labios y en lo que llaman corazón, nunca se quejará de anhelos no cumplidos, de fracasos o metas mal llevadas, hay gente más desafortunada que nunca podrá tener anhelos, hay anhelos, muchos anhelos como sal en el mar, hay anhelos, ¡hay anhelos! Hay anhelos…

miércoles, 26 de mayo de 2010

La briaga

Todo empezó con una deuda de honor, que sea como fuera tenía que ser pagada así fuera muerto, ¿Qué en que consistía tal deuda?, ¿Acaso sería una deuda de sangre, una deuda para lavar el honor familiar, acaso sería una deuda con alguna deidad de la predilección del pueblo?, ¡Bueno realmente no! Realmente aquella deuda consistía en invitar a unos buenos amigos, compañeros parroquianos y de trabajo una simple pero muy bondadosa y fresca cerveza, solo una, una nada más, tan simple como el despertar. Cortésmente les dijo a cada uno de aquellos compañeros de trabajo que lo esperaran a la salida, y aunque no faltó quién pensará que se trataba de la invitación a una pugna, después de la debida explicación quedaron todos conformes con la reunión, así lo hicieron en la salida y pronto cruzaron el paso a desnivel para salir a una tienda de veinticuatro, en donde no había latas de cerveza apetecibles, puras marcas extranjeras, desilusionados por tan mal sino pero aún sedientos con el calor abrazador de un día de trabajo a espaldas carcomidas por las horas, aquel cuarteto de valientes libadores decidieron seguir adelante caminando por avenida Reforma, mientras hacían política por saber y decidir a que buen puerto en forma de cantina arribar en aquel viernes con buenas ganas de cebar un cebada espumosa y helada como mano de muerto. Sus pasos continuaron, pensaron en tomar el metro en la estación Auditorio para ir a un barcillo por la zona de Tacubaya, pero al estar enfrente de dicho lugar todos al unísono dijeron ¡No!, y los cuatro cruzando Reforma tomaron un buen transporte conocido por todos como “Micro” destino manifiesto Chapultepec, pues el deudor recordó que allá había un buen lugar para degustar las heladas.


Llegaron a la añeja y buena zona de Chapultepec y se encaminaron al establecimiento del recuerdo, recuerdo que ayer fue tan fresco y ahora era una realidad abandonada, el local estaba cerrado de años, y ya no había más signo de lo que un día fue, más que el de una cortina de hierro oxidada y empolvada; Los reclamos de los tres caballeros al deudor no se hicieron esperar, las incógnitas regresaron a las mentes de todos ¿A dónde ir, qué lugar cercano recibiría sus viejas almas cansadas y sedientas?, no falto el falto de fe y fuerza de voluntad que quiso renunciar a tal empresa de buscar, pero al fin pudo más la razón –de beber obviamente- que la pereza y todos siguieron el camino en absoluta y devota peregrinación por un bello establecimiento de alcohol, preguntaron aquí y allá, más allá y más acá; -“¡Dicen que cerca del metro Sevilla”, -“¿Tan lejos?”, “¡Qué va tan cerca!”. Casi a punto de desfallecer aquellos héroes del tarro vieron venir por la calle una señal esperanzadora, un aliciente, un buen vaticinio, un buen indicio, un buen… par de borrachos que venían cantando o discutiendo algo –y es que ese bello idioma del que liba solo se comprende estando en las mismas circunstancias-, uno exclamo: “¡Cerca ha de haber!”, y los demás apoyaron: “¡Allá se ven letreros que anuncian lo que se busca en estos inicios de fin de semana!”. Cruzaron todos al otra acera, en donde se divisaban dos establecimientos uno más y de buen ver en forma de meseras y otro más intimo por no decir lúgubre pero con lugar para sentarse, así que se decidieron por este último, entraron vieron la carta ofrecida por un mesero, la ignoraron y solicitaron la primera ronda de cervezas, estás llegaron muertas y de buen modo el líquido resbalo por las secas gargantas y el espíritu cansado reanimo las fuerzas, a fumar un poco –en las afueras porque adentro está prohibido- el deudor degusto el tabaco después de algunos ayeres casi años de no fumar y aunque sea mal comentarlo, el humo del recuerdo estuvo exquisito. Otra ronda más limones: -¿Qué no dan botana? Todo bien todo bonito, todos corteses, todo animado por la platica púes el lugar estaba demasiado intimo para cuatro caballeros. ¿Alguna ronda más? -pregunto el mesero; -¿Aceptan tarjeta? ¿No? ¡Púes ahí muere, amonos!; Todavía con ganas pero sin el mentado efectivo, salieron y el de al lado, sí el del ambiente más animado, contaba ya con mesas disponibles, después de preguntar si aceptaban tarjetas de crédito más bien debito y recibir respuesta afirmativa, los tres ingresaron… ¿Qué no eran tres?, así los cuatro, creó que la memoria se vuelve selectiva o comienza a fallar –y eso que a penas iban dos rondas-. Bueno, ya instalados en una mesa y atendidos por una joven mesera, las cubetas de cerveza iban y venían –Aquí si había botana-, una rocola para seleccionar temas musicales, “Frente a frente”, canción renovada por Bunbury, no tardó en ser emitida y los cuatro a cantar desafinados pero con sentimiento, otra cubeta con cervezas y otra más; -¿Quién paga?, -¡El de la tarjeta de crédito más bien débito! –Que de hecho no era el deudor- ¡Hay después me pasan lo que les toque a cada uno de la cuenta!; Un domino para jugar cortesía de la casa trajo la mesera, otra ronda, otra cubeta, las horas pasan y ni se sienten, hay que ir al baño, hay que regresar a la mesa sin perderse en el corto camino, todos ríen, ya más entrada la noche algunos se animan a bailar con la mesera que ya con la cerveza en la conciencia no se ve de “tan mal ver”. ¡Que vida y que noche y que alma y que ganas! –“Sí me pierdo tantito, será por una buena causa, la causa del sentirse vivo y así que, bien perdido me encuentre la madrugada”-. Más juego de domino, más botana, que gané la partida el que paga, que baile el que sepa, que cante el que se animé, para todo hay tiempo, para todo hay sueño, para todo hay muerte pero antes gozó; al final de hecho no tan tarde como se hubiera esperado, púes se empezó temprano, nunca falta y menos sobra la hermosa tradición de “La última y nos vamos”, el de la tarjeta paga y con el poco efectivo que había se le da su merecida propina a la mesera, el 10 % aunque sea, otro día que sea planeado se pondrá mejor la cosa. Ya afuera en las inmediaciones del metro Sevilla, un chiste más uno menos, los cuatro ingresan, pasa la tarjeta, el mismo que pago,- que no es el deudor-, pero ahora la del acceso al metro, los cuatro se despiden, se abrazan como hermanos y se encargan al amigo que según su parecer es el más tomado con el menos ebrio que vaya por el mismo rumbo, aunque a estas alturas todos están igual de borrachos, todos se encomiendan todos se despiden, dos cruzan al andén contrario, cada cuál por su lado toma “el último tren de la noche”, se pierden y se alejan, el deudor que acompaña al otro igual de ebrio que él, cae en la cuenta que se ha equivocado de andén y que ahora se aleja más de su destino, ni modo se despide del acompañante un poco preocupado, y se cambia de andén, hay que ver, ojala que todavía alcance el otro tren del transborde, y que lo poco que trae en los bolsillos todavía le alcance para pagar el transporte que lo lleve a su casa.

Así es y de hecho le sale barato veinte pesos nada más en la “combi” de madrugada, que a esas horas va con puros noctámbulos impregnados de alcohol y quién sabe que más –Hay que ver que es una muestra de civilidad extrema que en un espacio tan reducido, los borrachines se respeten y no se empiece una gresca de aquellas, por cualquier pequeño mal entendido-.

Unos de tantos ebrios empieza a cantar una de José Alfredo Jiménez –esto tampoco, nunca falta-, y después hasta una en “espaingles” de unos tales “Black eyed peas” o algo así; El transporte vomita a los noctámbulos uno aquí otro allá, todos acaban nadando en el asfalto de la noche y de la vida, tropezones y caídas, alguien de hecho grita “Jerónimo” al caer en un charco. Así el la vida, así es la noche, otro fin de semana más y mañana la tradicional cruda.

jueves, 25 de febrero de 2010

Telarañas de agua en el cristal

Lluvia de tarde noche, viejo caos vial de ciudad de siempre, náufragos de viaje en busca del hogar, las gotas del cielo suicidándose en las conchas de vidrio de los autos, de los autobuses, de cualquier animal motorizado, todos se ahogan en el trafico esperando la esperanza de llegar a casa, casados con la ansiedad, malhumorados por el retraso de todos los días y ahora con humedad, a la mayoría les molesta tanto camino y tanto tiempo desperdiciado, tiempo del bueno que la mayoría preferiría perder frente a sus pantallas inmersos en tele dramones muy simplones, lluvia y trafico enemigo de la asociación con el sofá, pero siendo justos miles también buscan el merecido descanso después de envejecer atados al sueldo que nunca los dejara descansar hasta ir a descansar al camposanto, miles maldicen el pesado camino, miles suspiran con los sueños futuristas de autos voladores que crucen el firmamento tan raudos como recuerdos, amores de lluvias frías que se tornan calidas con besos y abrazos tibios de saliva con deseo, todo bajo la protección ineficaz de un solitario paraguas, ricura húmeda de los cuerpos atados una noche de lluvia en una ciudad con vialidades hechas ríos desbordándose de peces de metal, humedad en el cuerpo, humedad de los rincones del placer, agua divina del cielo que se mezcla con agua divina del cuerpo, los amantes fluyen por los ríos de caricias, se unen al flujo de la noche mientras la mayoría gruñe, ellos disfrutan de una lluvia mas intima. Viejos recuerdos líquidos se estampan poco a poco en el parabrisas de mi alma, en las ventanas del transporte, observo a las pequeñas arañas kamikazes liquidas destrozarse en el parabrisas, se estrellan y forman pequeñas telarañas de agua, una tras otra, una telaraña aquí otra allá, tratan inútilmente de traspasar el cristal de indeferencia de la gente para enredar con su tela húmeda a su presa en la remembranza de los tiempos idos, de las noches con estrellas muertas, de lluvias de arañas de agua que tejen sus telarañas en parabrisas; un sujeto en el asiento cercano me observa me pregunta si me gusta mucho ver llover, le contesto que me encanta más cuando soy niño, me encanta más cuando soy de nuevo travieso, me hubiera gustado contarle de las pequeñas depredadoras liquidas que cazan recuerdos pero el individuo voltea su atención al mundo de Morfeo para engañar al cansancio, yo regreso a la ventana y al parabrisas, a las telarañas, a observar a los amantes de paraguas compartido, a los recuerdos que cruzan firmamentos de estrellas muertas, a viejas noches de trafico en ciudades que mal imitan a la Europea Venecia, aquí no hay góndolas solo navíos de metal y polímeros, drenajes que se ahogan, gente que maldice, telarañas de agua en los cristales.

lunes, 2 de noviembre de 2009

"Horizonte de Tormentas"


El sol parecía emerger de las entrañas del mar en aquel horizonte de mañana fría del mes de septiembre, surgía en el horizonte de un mar todavía en su mayoría fúnebre, parecía estar fundido con el mar negando las normas físicas de un universo que dictaban que fuego y agua nunca serían uno y ninguno de ellos engendraría al otro.

El mar y sus aguas se ruborizaban con el color cálido de ese sol naciente y dejaban de ser amenazantes tornándose amables para la vista y el alma, aquella mañana en el puerto de Veracruz era digna del pintor más privilegiado del mundo, uno con alma de poeta y mano guiada por el espíritu de Neptuno.

Sin embargo aquel amanecer sòlo era presenciado por los pescadores del puerto que se alistaban para salir y dejarse llevar a la buena surte del mar para llenar sus redes de ilusiones y pescados. Todos prestos todos listos, todos jóvenes, raudos firmes y valientes amantes de sus aguas, de la vida y sus mujeres, todos alegres y dicharacheros, todos menos uno.

Aquél anciano suspiraba al contemplar el sol en el horizonte mientras degustaba su taza de café amargo, también saldría al mar para ganarse el sustento pero no como aquellos que iban en botes medianos navegando varios para pescar bastante, él saldría en su vieja lancha de motor de ronquidos agonizantes, compañera de ya de bastantes pequeñas travesías al viejo y hermoso azul.

La vida y el mar eran de símil significado en el caparazón de vieja tortuga que resguardaba el alma de aquel anciano, añejado por infinidad de amaneceres y puestas de sol en aquel puerto de Veracruz, en donde siempre había respirado de la brisa suave del mar del golfo de buen bouquet, en donde de joven había amado, vivido, bebido, bailado y también había sido rechazado en algunas ocasiones y en la playa había tenido que desahogar sus penas llorando tiernamente, eran días grises, mientras el mar con cúpula de nubarrones lo acompañaba en el llanto con una leve llovizna.

Después vendrían más amores y el temporal viraba en su vida, muchas vidas en una sola, demasiada vida, los recuerdos le parecían arremeter como olas contra la roca que representaba su andar por el mundo y el mar, todo eso, hasta que llego la dueña de su pequeña casita tan humilde como él, se les fue la vida sin hacer críos pasaron por no pasarles la pobreza y una noche de tormenta cuando ya el cabellos de los dos se recubría de canas, ella lo dejo para embarcarse en la barca del olvido, olvido que para el anciano nunca llegaba, todas las mañanas la recordaba, mientras observaba el horizonte para después prepararse y salir a la pesca de las viandas del mar emulando a Pedro antes de que le agregaran lo de santo. Aquel viejo anciano nunca entendió porque aquel Pedro había dejado la pesca en el mar por la santidad y la pesca de hombres y de almas, para el anciano no había mejor alma que la del gran mar, mar que amaba en calma, mar voluptuoso, mar tempestuoso, a veces demasiado violento con sus frágiles huesos, pero al cual nunca cambiaría ni por toda la santidad de Roma y del cielo.

El mar era tan eterno como la muerte y tan bello como la vida, siempre estaba ahí, siempre estaría ahí para él y para otros, otros como aquel joven de ciudad recién llegado de la capital hace un mes con muchas ganas de trabajar con todo aquel que lo quisiera llevar, y todo aquel que lo hubo escuchado había ignorado las súplicas de trabajo de un neófito y para colmo chilango, hasta que cansado de deambular se quedo sentado cabizbajo en una piedra cerca de la vieja lancha del anciano, y el anciano observándolo se compadeció de él y le ofreció enseñarle el oficio del mar y compartir lo poco que se logrará del océano.

Ya pasado un mes desde aquel trató, él joven aprendía bien del anciano a pesar de los mareos y de las primeras pequeñas insolaciones, después de tostarse su pálida piel bajo los abrazos abrasadores del sol y el azul del cielo y del mismo mar, ahora estaba más preparado para ganarse la vida en la pesca, y ese dìa al llegar al lugar del anciano y poner su mano sobre el hombro de aquel viejo en señal de gratitud y en muestra de estar a su disposición, le demostraba todo su aprecio. El viejo dejó su taza con algo de café sobre su triste mesita y se encamino mientras el joven lo seguía sin rebasar su paso en muestra de respeto, al llegar a la lancha ultimaron lo faltante, prepararon las ganas, el entusiasmo y las redes, el motor emitió protesta en forma de ronquido agonizante al encenderlo y dejaron el embarcadero rumbo a la zona un poco alejada de los demás pescadores, para probar suerte salada de mar.

El día se torno cálido mientras avanzaba la ronda de trabajo y la pesca en la pequeña lancha era buena, pequeñas nubes danzaban en el horizonte, se observaban de tipo cumuliformes formando otro mar en el cielo y más allá en lo profundo en donde se unía el cielo y el mar las nubes se engalanaban con tonalidades más oscuras, él anciano le hizo la observación al joven de que el tiempo estaba tornándose tenso aunque el mar se observaba en calma: —A veces el cielo celoso de nosotros los pescadores que tratamos de ser dignos de las gratitudes del mar, puede ser traicionero y hasta en los momentos de mayor calma puede azotarnos con sorpresa.

El joven observó el horizonte y al lado de aquel anciano experto no le pareció tan severo, las nubes no se vislumbraron tan nefastas como decía el anciano y le comento: —Son nubecillas blancas como manadas de borreguitos, si se ven un poco oscuras allá a lo lejos es porque el sol no nos las alumbra bien, estas que pasan indiferentes de nosotros y sobre nosotros son bellas.

— ¡Quizás! Pero estamos a mediados de septiembre y en estos meses a veces ocurren ciertos fenómenos que se presentan aún en días soleados aunque con nubes, tú mi joven, tú ves esas nubes lejanas con el optimismo de la juventud, yo las veo con el peso de los años y quizás eso me hace pesimista, además mira alrededor varios pescadores se empiezan a retirar para escapar de una posible tormenta.

— ¿Cuántas tormentas no habrás vencido tú? ¡Tú que eres tan viejo como el viejo rey Neptuno, este mar es tuyo anciano, tuyo! —dijo sonriendo y agitando la mano ante la magnitud del paraíso.

—Así fuera yo tan viejo como Matusalén, Enoch o Jonás el de la ballena, no hay quien venza a una tormenta bien parida, una de esas de las que Dios uso en grande para lograr su diluvio.

—Hay que ver la oportunidad, es mediodía, el sol es bueno, y a menos delfines a nuestro alrededor mayor ganancia de peces, el cobarde nunca llego a rico, dijo sonriendo el joven.

—“el cobarde nunca llegó a rico”, a mis años solo sé que el valiente es el que nunca ha llegado a viejo, además ¿Cómo dices ser valiente si nunca has estado en medio del mar funesto y furioso, embravecido y vil? Tu inocencia y juventud te ciegan, cualquier hombre es cobarde ante la inmensidad de un mar brutal y despiadado, no hables de cobardía en los demás, púes tú no vendes piñas ¿Acaso no recuerdas tus primero días al meterte al mar?

Avergonzado el joven se agacha un poco para después regresar su vista al horizonte en donde a lo lejos entre el cielo y el mar se dibuja una línea delgada que por momentos se mueve y curvea, extrañado el joven llama la atención del anciano a lo que ven sus ojos. El anciano observa y suspira y al final después de un resoplido de viejos pulmones aderezados de tabaco dice al joven: —Es Dios que también anda pescando, sòlo qué él como buen pescador que es, no utiliza el anzuelo y la carnada, no utiliza la red, sòlo utiliza eso que ves bajar del cielo ¡Su sedal divino! Quizás me equivoque en esto último quizás no sea Dios, sino Pedro que extraña el pescar, aunque en la iglesia creó recordar, que el padre dijo que él usaba redes como nosotros.

— ¿Sedal? No entiendo, eso que se ve a lo lejos es su sedal para pescar ¿Y cuál es su anzuelo y su carnada?

—Su anzuelo es el viento, su carnada son nuestras esperanzas de ganarse la vida por medio de los peces de este mar ¡Vamos muchacho, ayúdame a recoger las redes!

Quince minutos duro aquél extraño espectáculo en la lejanía, luego el muchacho observó como aquel “sedal” regresaba al cielo, mientras más nubes formando otro mar en el cielo se cernían sobre ellos.

Él muchacho preguntó al anciano: —¿Has visto aquella cosa de cerca? —el anciano miró el horizonte oscuro y sin dejar de trabajar en sus redes, le contesto:

—¡Sí! En estas temporadas es común verlas, también mi abuelo me contó una vez que una serpiente de agua, una mazacuata de agua, como le decía él, cayó en un lago cercano a su vieja choza, dice que era muy hermosa, totalmente blanca y bailaba sobre el lago no duró mucho, pero siempre que lo contaba yo le oía entusiasmado, aquí en el mar en cuánto se observa una de estos sedales como yo les digo bajar todos los pescadores se regresan al puerto, nosotros lo haremos ahora.

El anciano trato como siempre de reanimar al viejo motor moribundo, para que emitiera esos agónicos ronquidos de siempre que los llevarían a puerto, pero el motor no quería hacerle al Lázaro está vez, mientras los demás pescadores llevaban sus botes y mejores lanchas rumbo a puerto.

Fue en aquellos momentos de una tranquilidad no reconfortante que el joven señalo una nube a unos ciento cincuenta metros en la cual creyó ver por instantes la formación de un bonito seno de mujer que después fue adquiriendo forma de embudo, mientras que abajo en la superficie del agua ráfagas de viento empezaban a levantar agua, de aquel embudo comenzó a surgir una formación que al principio al joven le pareció la mismísima extremidad de Dios queriendo tocar el mar, queriendo unirse a los vientos que alzaban en aquella zona el agua, el viento lo sintió más intenso el joven en sus mejillas sonrojadas, en su rostro y en su alma, mientras el anciano le despertaba de la ensoñación y lo jalaba a que empezara a remar mientras el anciano despertaba al motor, que seguía más dormido que el joven, y el joven remaba aunque en el fondo sabía que algo así sería inútil ante lo que observaba a la distancia, aquello había unido el cielo y el mar en matrimonio por medio de aquel embudo siniestro, tenía una altura de unos seiscientos metros y esa distancia o lo doble quería el joven estar alejado de aquello, era majestuosa, era hermosa y terrible, parecía estática, pero solo era ilusión, como un ser vivo comenzó a moverse curveándose desde la nube, asustado le pareció verla casi encima de ellos, pero aquello giró en dirección contraria.



Mientras el viejo conseguía que el motor emitiera sus ronquidos de siempre y la vieja lancha comenzaba a surcar rumbo perpendicular de noventa grados al movimiento de la formación terrible.

— ¡Maldita tromba, hija de puta! —grito y escupió el viejo.

— ¿Tromba?, eso es lo que es… ¡una tromba! Es como un tornado —dijo el joven sin haber visto jamás ni un tornado y obviamente ni una tromba.

—Eso o lo otro ¡Qué importa! Dios o Pedro nos quieren pescar hoy, pero prefiero que me pesque en mi cama y seco, así sí, que me lleve a donde quiera.

Al parecer lo hecho por el viejo funciono bien ya que aquella tromba marina quedo alejada, no lo suficiente como para evitar que aquellos ojos de joven y de anciano vieran con horror como otra lancha más grande que la del viejo y con cuatro infelices se perdía volteada para siempre en la inmensidad del golfo de México, más aún no pudieron más que ver con asombro como de la misma nube que había surgido la primera, surgían otras dos más, en caprichosas formas curveadas, mientras empezaba a llover y algunos relámpagos se dibujaban en el horizonte.

El joven atemorizado y el anciano aliviado estaban tan ensimismados en la visión de aquellas formas danzantes sobre el mar, que no se avisparon en ver la tremenda nube que estaba sobre de ellos y de la cual se desprendía otro embudo de un diámetro de cincuenta metros que emulaba a las fauces de un Moby Dick celestial que emergía de ese mar de nubes, sòlo el cambio en la presión y el viento que aumentaba les indico que no habían escapado de aquel cielo temible.

El anciano apretó la dentadura, y se prestó a dirigir su embarcación lejos del ente que bajaba ya sacando su tubo de condensación para unirlo con el mar, mientras al viejo más le parecía como si el cielo arremetía a violar al mar con su falo de nube.

Por fin se alejaban ya a unos setenta metros de aquella mítica culebra de mar, cuando está alcanzó la superficie, la velocidad de los vientos se sintieron de forma avasalladora aumentando de veinte kilómetros por hora a treinta, la vieja lancha se sentía más frágil que los huesos del anciano, el tubo de condensación tenía un diámetro de treinta metros, la zona de spray que levantaba el agua hasta a unos ciento cincuenta metros, tenía su diámetro de cincuenta metros el anciano se apresuró a repetir la misma maniobra que con la anterior tromba y la vieja lancha viro perpendicular a la dirección de la trayectoria del terrible meteoro marino en un grado de noventa grados, la velocidad de desplazamiento de la tromba no era grande apenas llegaba a unos veinticinco kilómetros, pero los vientos los vientos arremetían con fuerza horrible contra la pequeña lancha, entre más cercana se encontraba la tromba a la pequeña embarcación.



En esta lid disfuncional de David y Goliat, la ocasión no favorecía a David y el viejo motor de la lancha que era su honda para vencer al gigante empezaba a fallar, y el terror se dibujaba en la faz del joven y la resignación en la cara del anciano.

Los vientos, mientras la tromba arremetía ya próxima, aumentaron está vez a cincuenta kilómetros por hora y la vieja lancha empezó ser azotada sin piedad por las ráfagas, el anciano empujó al joven al agua y le ordeno sumergirse, él anciano se apresuraba para hacer lo mismo cuando la tromba pasaba en dirección perpendicular a la embarcación a unos quince metros, los vientos levantaron aquel alfeñique con toda su fuerza de doscientos kilómetros por hora y el viejo y lancha desaparecieron volteados para siempre entre la inmensidad del cielo y el océano.

La tremenda tromba siguió surcando el mar a unos cuarenta metros de aquel suceso, hasta que al llegar al embarcadero fue perdiendo fuerza y se deshizo en una llovizna fuerte sobre el puerto, otras trombas se descolgarían aquella media tarde de septiembre, de menor diámetro y menor intensidad, después se desató una llovizna que duró tres horas, para las seis de la tarde del, la tormenta quedaba en el olvido, no así el luto provocado por aquellos incidentes de un horizonte de tormentas y sedales de un viejo Dios o quizás de un Pedro recordando sus días de pescador.

¿Y que fue del joven? Llámenle un milagro o un designio del creador que a lo mejor decidió que aquel pescado de su inmenso mar era todavía muy tierno y joven y no valía la pena sacarlo todavía, púes aquel joven apareció vivo inconsciente en la playa, golpeado, pero vivo, lo llevaron a recuperarse al hospital más cercano y con el tiempo a su favor está vez decidió regresarse a la capital y dejar que el buen Dios le pesqué de preferencia de viejo y mejor aún recostado en un seco lecho.


Salvador Méndez Z. 21/11/09 ® Derechos Reservados Mèxico


Pd. Dedicado a mi recièn nacida beba: Ashley y a mi hija Scarlett
Màs bendito entre mujeres, ¡ahora sì!
Y que me disculpen por dedicarles algo tan mal... ya mejor lo dejo asì.

martes, 13 de octubre de 2009

¡Fiù!

¡Fiu! no fue influenza
Falsa alarma, fiebre y tos pero nada más, para bien o para mal sigo merodeando por aquí (ahora sé con certeza que cuando me muera, el infierno para mi será igual a permanecer en una sala de espera de urgencias, con cara de me urge, sin que a nadie le urja hurgarme mi ser para darle alivio a mi urgencia.)

¡Maldito virus matapasiones!
¡No podemos tocar!
¡No podemos besar!
¡No podemos siquiera ser corteses y saludar!
¡Ya no se puede existir asì!
No nos mata el virus, nos mata la soledad y el desamor.

martes, 1 de septiembre de 2009

Prèstamo



Después de dormitar un poco, por fin logra quitarse la modorra y las ganas de seguir en el país de Morfeo.

Ya tiene que salir aunque todavía es muy temprano, pero para ir a su destino no le queda otra. Antes pasa al baño, después ya un poco acicalado se despide de sus compañeros a los que realmente se la pasa subestimando todo el tiempo, les comenta que tiene que ir a la empresa (a la central) — ¿Tiempo extra? —le preguntan. — ¡No! —Contesta un poco apenado—. Es más bien un adelanto, un préstamo para sobrevivir lo que resta a la quincena.

— ¡Ah! —exclaman todos—. La chica encargada de eso llega a las nueve o diez de la mañana y apenas son las siete y fracción.

— ¡Sí, lo sé! —contesta resignado, sabe que tiene que hacer tiempo en el camino, ir lento, «ni modo» piensa.

Sale por elevadores, llega al piso 0, se despide de los porteros, les desea un buen día y ellos contestan al unísono: — ¡Qué descanse!



“Descansar”, eso es lo él que desea, irse a casa a descansar, pero es imposible tiene que ir por el susodicho préstamo a la mentada empresa, se maldice a sí mismo por gastar de más a principios de quincena, afuera el pavimento está húmedo después de la fuerte lluvia que en la noche renovó un poco a la cansada ciudad. Y ahora el cielo se observa nublado con la firme promesa de repetir el baño a las calles en el trascurso del día.

La fría brisa le hace maldecirse de nuevo por olvidar el paraguas que de todos modos de haberlo traído no le hubiera servido de algo. Suspira asiéndose fuertemente de la resignación para vencer las ganas de cruzar la avenida en la dirección opuesta rumbo a casa, por fin se deja llevar por sus pasos en dirección al tren subterráneo, camina por la avenida principal, lento, muy lento, admirando los árboles, «esté caminito es lo único bueno últimamente del recorrido al trabajo» se dice a sí mismo en sus pensamientos.

Para las siete con cuarenta de la mañana llega al subterráneo, se toma su tiempo observando una exposición de algún cantautor, del que no se sabe ninguna canción, pero el fin es “hacer tiempo”, aunque sea deshaciéndolo de esta forma. Por fin se decide y aborda el tren urbano, transborda en la estación de siempre que le lleva a la otra de siempre que por fin después de otro transborde le hará llegar a la línea que le dejará en la empresa, apenas son la ocho y media.

Al cuarto para las nueve está a punto de arribar a la estación cercana de la susodicha empresa, «es demasiado temprano» piensa. A pesar de irse lo más lento que pudo, a pesar de ponerse a leer un libro entre transborde y transborde, dejando pasar los trenes, de poco ha servido.

Podría ingresar a la empresa ya pero realmente odia estar en lugares como aquel, le repele enormemente permanecer mucho tiempo en hospitales y en cuarteles ya sea de policía, ejercito, o lo que sea que tenga que ver con gente que se escuda tras órdenes y grados de los que esperan un “respeto” automático de sus subalternos.

Entre un hospital y un cuartel no hay a cuál irle, el primero le recuerda sòlo noches de cansancio, pena, sufrimiento, en donde el dolor físico y espiritual era el gran ganador. Prefiere no asistir a tales lugares aunque a veces sus huesos viejos le recuerdan que debería aplicarse uno que otro estudio a los que siempre rehúye como si fueran la peste. Y en cuanto a lo segundo, a los cuarteles, quizás sea por el hecho de que siempre de más joven se le dificulto seguir órdenes o reglas.

Realmente se siente incomodo al estar en lugares así, por lo tanto decide pasarse de largo e ir una estación antes de la terminal y de ahí regresarse en el tren que viene en sentido contrario. Como esa línea ofrece por tramos vista al exterior, se distrae un poco observando a las prostitutas de aquella avenida en donde hay un hotel casi en cada esquina; la mayoría de ellas todavía se ven adormecidas, resistiendo el frío. Al sol todavía no se le antoja salir para calentar sus carnes, así que algunas juguetean calentándose entre ellas a falta también de cliente; en este caso sòlo tienen al frío de cliente y este siempre ha pagado mal.

Para las nueve y diez ya está llegando por el tren contrario otra vez rumbo a la estación de su destino, por momentos se observa a sí mismo, ve su reflejo de ojos fastidiados con su misma ropa de siempre (su uniforme) que le roba su individualidad y le convierte en una especie de fotografía o fotocopia viviente, pocas veces recuerda en los últimos años haber andado con su ropa normal, de hecho se siente como si está fuera su segunda piel, pero no por lo cómoda sino por lo recurrente de traerla siempre puesta.

Por fin llega al desestimado destino, sale del trasporte y se encamina con pies pesados. Toca el timbre, por interfón, le piden que empuje la puerta; adentro se ve un pasillo estrecho y frente a una ventanilla presenta su credencial e informa el motivo de su visita, le indican que empuje la segunda puerta y pasé por fin. Adentro ve a otros vestidos como él, les da los buenos días y la mayoría soñolienta contesta “días” sin verle por ningún lado el “buenos”.

La mayoría de esa gente viene obligada a tomar su adiestramiento, uno en donde siempre les enseñan lo mismo que la mayor parte del tiempo no se ocupa.

Él piensa que son muchos y que si esos otros vienen por préstamo, al final habrá problema para alcanzar algo, afortunadamente se oye una voz procedente del segundo piso, preguntando por los que vienen a su adiestramiento, la mayoría tuerce la boca y con pesadumbre sube las escaleras, quedando abajo muy pocos en realidad.

A las nueve y media se aparece la primera asistente, una secretaria, les pregunta la razón o motivo de su presencia ese día en la empresa. Él le dice el suyo y ella contesta que la encargada de los préstamos llega a las diez. Después prosigue preguntándoles a los demás y él se consuela con ser el segundo en la lista de los que esperan a la Srta. de los préstamos, pasan los minutos, pasan los empleados, pasan los llamados mandos que realmente nunca se aparecen por su lugar donde está de servicio para mandar algo bueno, dejándoselo todo al mando del servicio que sin remordimientos prefiere mandar para nada bueno y sí para mucho malo.



Total él prefiere hacerse el distraído antes que tener que hacer el saludo correspondiente a tales sujetos, que afortunadamente lo ignoran y no notan su pelo largo relamido con gel para aparentar menos pelo.

Dan las diez, las diez y diez, las diez y cuarto, la secretaría (la de antes) le vuelve a preguntar por qué vino, para inmediatamente reconocerlo y decir: —¡Ah! ¿Pa el préstamo, verdad? Ya no tarda mi compañera.



La susodicha compañera por fin llega a la diez y veinte, sube de lo más tranquila las escaleras al segundo piso y él tiene que esperar hasta las diez y treinta y cinco que es cuándo aprovecha para preguntarle a la primera secretaría si ya se podía subir al Olimpo, perdón al segundo piso para solicitar el préstamo.

La secretaría en cuestión le pregunta vía telefónica a la otra si ya es posible, para después pedirle al primero que suba, así lo hace el susodicho, el cual no tarda en bajar, lo cual le extraña a nuestro pobre diablo. Al ver el semblante cabizbajo con que sale el primero, siente un nudo en la garganta que no se disipa hasta que le informan que puede subir. Llega al umbral de la oficinita de la encargada, la cual lo recibe como siempre, que es igual a “mal”; le informa de forma descortés (ya que al parecer la chica en cuestión creé que es ella quién presta la suma y no la empresa) que sòlo hay la mitad de lo que siempre les está permitido prestar, así que pregunta sin más con un simple: ¿Los toma o los deja?

Él sabe que aquello apenas le va a alcanzar para los pasajes, no le va a alcanzar ni para una deseada (más que a una amante) cerveza, pero no habiendo de otra los acepta, firma la forma correspondiente, da las gracias (más por educación que por realmente sentirlo) y se retira.



Nada más salir, experimenta la misma alegría de quién ha estado preso, se siente bien aspirar el fino smog de la ciudad en lugar del horrible olor del encierro, de la cárcel putrefacta del libre pensamiento. Toma de nuevo el metro, llega a la estación destino después de los insufribles transbordos.

Se apresta a esperar el camión, el cual viene atiborrado por lo que tendrá que viajar parado y aplastado.

Pasan varias avenidas, y como sujeta una bolsa llena de cachivaches con la derecha y solo tiene la izquierda para asirse del tubo superior, imita a un mal remedo de orangután.

Con el brazo ya adolorido, sabe que antes de mejorar las cosas, es probable que vayan a empeorar. Con sorpresa no es así, pues en una esquina de tantas, observa subir por la puerta de atrás, cerca de donde está él, a una hermosa creatura acompañada de su progenitora, obvio la señora no atrae para nada su atención, en cambio la hija, con un cuerpo delicado pero bien formado y una cara de ensueño, fina y sin maquillaje, le provoca un ensueño hermoso a él, quién suspira por dentro con un dejo de culpa de por medio, pues si bien la chica a observar se ve mayor de edad, es realmente joven comparada con él que está hipnotizado por la mágica joven, «Si tan sólo» piensa, y ese “si tan sólo” se queda grabado en su mente por varios instantes.

La chica tiene gracia, ríe y goza de su juventud al lado de su madre que hace discordia con la belleza de su hija. En algún momento ella voltea hacia donde está él y él se le queda viendo a los ojos ella “sonríe sin sonreír”, pues sòlo con su mirada basta para trasmitir la sonrisa que no fue, o al menos esto le parece a él. «Ni modo» piensa hay que conformarse con ver estás bellezas, que son inalcanzables a mi edad o circunstancia, «si tan sòlo fuera de dinero».



Pasan los minutos mientras el camión devora los kilómetros, mientras él sueña devorar a tan preciosa chica, pero sòlo es sueño, “la vida es sueño” decía Calderón de la Barca.

De pronto algunas cuadras más adelante el camión engulle a más pobres de los que llaman pasajeros, es inevitable el apretarse uno contra otro, ¡Y ya sea por obra de Dios o del diablo! A él le toca estar apretado espalda con espalda con ella, ¡demasiado! Con su mano derecha roza sin querer los glúteos de la chica, el intenta separarse un poco, pues lo que menos necesita es que le acusen de acosador depravado y lo bajen del camión a punta de madrazos.

Pero es inútil entre más intenta separarse, más el movimiento del camión y el apretujé hacen que su mano cerrada en torno s u bolsa de cachivaches, roce una y otra vez los glúteos del ángel, el cual se convierte en ángel del deseo.

Él trata inútilmente de cambiar la posición de su mano para alejarla de aquellas formas pero en otro movimiento brusco del camión hace que todos se aplasten más, a su vez que la chica aplastada aplasta con su cuerpo y glúteos a su mano que se tuerce experimentando dolor dejando caer la bolsa, abriendo los dedos, dedos que se meten a través del hueco de los glúteos de la chica rozando un calor hermoso a través del pantalón de mezclilla ajustado. En ese instante piensa que la chica gritará y reprochará aquel abuso ¡Y ahora sí el despido a punto de madrazos de aquel camión no se hará esperar! Pero para su sorpresa no es así, la chica voltea un poco y no dice nada, después el movimiento del camión ayuda y hace que aquellos dedos llenos de deseo rocen una y otra vez aquella parte que se siente caliente a través de la mezclilla.

El pobre sujeto creé enloquecer, nunca en su vida creyó siquiera tocar la mano de aquella chica y ahora por extraño sino estaba tocando más allá de lo que hubiera creído en toda su vida, después de varios minutos así, el camión por fin fue vomitando a los llamados pasajeros que había ingerido y la separación de aquel cuerpo se hizo inevitable.

Cuadras adelante ella y su madre descendieron y el las siguió con la mirada, ella se volteo un momento pagándole la mirada con una sonrisa y después desapareció junto con su progenitora en medio de la masa de gente que transitaba calle abajo.

Él por fin despertó del ensueño de deseo y excitación donde se había sumergido pensando que aquel sería el mejor préstamo que nunca jamás le podrían haber dado en su vida.





Salvador Méndez Z El Bohemio.

01/09/09 ® México



lunes, 24 de agosto de 2009

"Suicidio a la carta"



Suicidio a la carta

¡Riiiinnnnnggg! (timbre de la puerta de entrada)



Abre la puerta el empleado —¡Buenas tardes! ¿En qué podemos ayudarle?



—¡Buenas tardes! Disculpe ¿Ustedes se dedican a lo de los suicidios, ustedes son los de la empresa “suicidio a la carta”?



—¡Sí señor! Nosotros somos y nos dedicamos a respaldar, asesorar y ejecutar suicidios, nuestro lema es: “Si usted no puede solo, nosotros le animamos y de hecho lo empujamos”, ¿Qué le parece?



—¡Muy bien! Porque yo quiero un servicio, necesito que me ayuden a finalizar esté desmadre de vida.



—¡Hombre caballero, desde luego! Para nosotros como empresa es un placer ayudar a los pobres desgraciados que necesitan escaparse por la puerta falsa.



—¡Oiga! ¿Cómo que pobre desgraciado? ¡No! ¿yo? ¡Para nada! Si he decidido dar este paso es porque estoy profundamente convencido de que la única forma de darle sentido a esta vida, bueno, es con mi muerte, y ultimadamente no creo que tenga que darle explicaciones de mis decisiones a usted, que es un perfecto desconocido.



—¡Sí, sí, tiene razón señor! ¡Disculpe mi atrevimiento! Aquí en la empresa, los empleados somos cien por ciento profesionales.



—¡Pues demuéstrelo y atiéndame como se debe!



—¡Okay caballero, ok! ¿Cómo le gustaría que se efectuará su suicidio? Tenemos varias formas de llevar a cabo tan importante hecho.



—¿Cómo cuáles? Digo, porque yo había pensado en un suicidio muy común, algo así como morir envenenado.



—¡Huy! No se lo recomiendo, luego no se mueren a la primera, luego quedan vivos, a veces como plantas si poder mover el cuerpo y lo peor es que así nosotros no podemos ayudarles a realizar otro intento porque ya no pueden dar su consentimiento.



—Entonces, díganme ¿Qué es lo que me recomiendan?



—Mire como le decía hay varias formas muy buenas, está por ejemplo el suicidio clásico en bañera ¿Ha escuchado la canción de “la tina”, la versión que canta Ximena Sariñana?



—Creo que sí.



—¡Pues es buenísima, queda perfecta! Y nosotros podemos tocarla de fondo mientras usted se desangra en la tina de su casa.



—¡Pues no sé! Yo no tengo tina en casa para empezar...



—Bueno en un buen hotel se podría hasta en el jacuzzi, a menos que prefiera un hotel de “mala muerte” para hacerse el “interesante”.



—No, mejor no yo prefiero consumar el acto en mi casa.



— ¿En su casa? Bueno podríamos rentarle una tina.



—¡Olvidé la tina! ¿Cree que sea buena idea el ahorcamiento?



—Pues cumple con los requisitos y es algo tradicional, aunque ahora que si quiere algo más tradicional, pues le ayudamos a que se haga un HariKiri, para que se despanzurre como lo manda la tradición japonesa, aparte que su familiares y conocidos, pensarán que su muerte se debió a una cuestión de honor.



—¿Oiga pero eso es muy doloroso, no?



—A lo mejor, pero de que se ve fregón, se ve fregón, pero si me permite la pregunta ¿Por qué desprecia el irse de forma más espectacular, digamos como aventarse desde lo alto de un edificio o aventarse al metro o incluso electrocutarse?



—Bueno, lo del edificio, cómo que no me agrada eso de quedar hecho mierda, si ya de por sí en vida a veces fui una mierda y luego reafirmar eso en la muerte. Pues no, no me agrada, en cuanto a lo de aventarse a las vías del subterráneo, fíjese que ya lo intente y falle miserablemente, cuando estaba listo y el metro se acercaba, primero otro idiota antes de mi ¡Se quiso aventar y yo lo detuve pero con tan mala suerte que caí a las vías por el forcejeo!



—¿Mala suerte? ¿Pues qué no quería éso?



—Es que la mala suerte radica en el hecho, de qué en ese preciso instante se interrumpió la corriente eléctrica por un maldito apagón y el conductor del subterráneo al percatarse instantes antes del forcejeo había detenido el tren y pues a la mera hora ni electrocutado ni aplastado.



—¡Aplastado, como mierda! ¿No?



—¡Sí! Y por eso también ya no lo intente de nuevo, de hecho lo más absurdo es que cuando se dio a conocer que detuve al otro idiota, yo quede como héroe por impedirle, lo que yo deseaba.



—¿Así que usted es un inútil a la hora de quitarse la vida?



—¡Oiga, no me insulte!



— ¡Este, sí perdone de nuevo! ¿Y su esposa?



—¿Qué tiene mi esposa?



—¿A ella no le interesaría acompañarlo al otro mundo? Tenemos unos paquetes interesantes: “Váyanse dos, pagué solo uno y medio”, ya ve que está de moda, es muy romántico, piense en ¡Romeo y Julieta, en Bonnie y Clyde!



—A ésos últimos los mataron por forajidos, no fue suicidio.



—¿Romeo y Julieta? ¡No lo sabía! ¿Y cómo fue?



—¡Olvídelo!



—¡Pues le recomiendo que invite gente, es lindo el suicidio en masa! Ya ve los japoneses hasta se ponen de acuerdo para irse a alimentar gusanos al mismo tiempo, con sus amigos y novia, de hecho hay unos videos, buenísimos en internet que....



—¡No, no, no, déjelo así! Yo quiero irme solo, yo solo sin nadie más, vine solo al mundo, solo me voy.



—¿En serio? ¡Están bien padres los paquetes! ¡Invite a un amigo, aun viejo amor, a cualquier familiar! Le conviene, yo sé lo que le digo.



—No mejor dígame cuál otro tipo de suicidio tiene.



—Bueno ahí está el suicidio político.



—¿Suicidio político? ¿Cuál es ese?



—¡Uy! ¿A poco no lo conoce? Si aquí en México a cada rato lo realizan los políticos, es cuando algún político dice o hace algo enfrente de los demás, a oídos de la sociedad y esto le cuesta su carrera política, en términos más sencillos el muy...político hace o dice alguna pendejada.



—Pero éso realmente no mata al individuo y yo si me quiero morir.



—¡Caray! Pues de hecho tiene razón, en otras partes del mundo efectivamente, habría una carrera política terminada después de la pendejada, pero cómo estamos en México, pues aquí se les perdona, se le olvida al pueblo o incluso a muchos les cusa gracia.



- ¡Pues sí! Pero ¿Qué no, nos desviamos de lo que me interesa?



—¡Perdón de nuevo caballero! ¿Y qué piensa de un arma?



—Pues no tengo ¿No sé si ustedes me la facilitasen?



—¡Claro! Ya le dije que en esta empresa somos cien por ciento profesionales ¿Y cómo para cuando le interesaría volarse la bóveda celeste de su cerebro?



—¡Entre más pronto mejor! ¡Me urge escapar de esta vida que no me parece ya vida!



—Bueno pues lo más cercano, la fecha más cercana sería el jueves al mediodía ¿Qué le parece?



—Pues muy lejana, pero si no hay de otra, pues acepto.



—¡Bien! ¿Y va a hacer en efectivo o con tarjeta?



—En efectivo, pero no me ha dicho cuanto va a costar mi fin.



—Pues esto no es barato, barato sería si usted lo pudiera realizar, pero como no puede, pues nosotros nos encargamos de que lo efectué, de manejar el acto de manera que no acarreé broncas legales para nosotros y para sus familiares, de hecho por unos cuantos miles más hasta nos encargamos de su entierro o incineración y es que acabamos de inaugurar un negocio hermano de pompas fúnebres ¡Que viera como nos funciona! Según mis datos le costaría la módica suma de unos..... ¡Sesenta mil pesitos IVA aparte!



—¿Tanto?



—Señor, somos los mejores, nueve de cada diez difuntos nos recomendaban.



-¡Újule, pues no me alcanza! ¿No tiene algo más barato, no sé cómo de unos cinco mil?



-¿Cinco mil? Oiga pues ni para solo asesorarlo, no pues si no tiene ¡Olvídelo, siga viviendo su vida tediosa y sin chiste!

—¿Alguna rebajita?

—No estamos en un tianguis señor, no insista, mejor trate de asaltar un banco del ejército y quizás le peguen unos tiros a la primera o miénteles la madre a unos guaruras o policías, quizás así lo logre, ¡Gente inútil que no sabe como morirse!

—¡Pues disculpe con permiso!

—Pasé ¡Cuidado al cruzar la avenida no lo vayan a atropellar!

—Me temo que no tengo tanta suerte.


Y así fue y por eso tuve que seguir….

Salvador Méndez Z

24/08/09 ®






*Lo anterior fue escrito inspirado en una frase de la canción del grupo “Los odio”, de su canción llamada "El último" Que va más o menos así:
“Está mañana me pensaba suicidar, pero el teléfono no deja de sonar (se escucha el timbre del aparato), ya es la cuarta o quinta vez que me interrumpen este mes, yo ya no tengo tiempo para mí”-
Aunque la primera vez que la escuche me pareció oír que decía al final: “este es el colmo, así no se puede vivir” , bueno el hecho es que me gusto y de ahí salió esto y claro también utilicé la versión de la tina cantada por Ximena S.