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martes, 26 de enero de 2010

Nocturnal

En la fría noche de mi vida triste, la pena y el dolor me invaden, la soledad me agobia, mis huesos se congelan, mi alma se marchita, mi corazón es cenizas que dejo el fuego de tu amor, el cuál todavía consume mi ser, poco a poco, a pesar del frío de la noche, a pesar del hueco de mi ser; Soy una sombra que habita sombras, aún a pesar de la pálida luz de la luna llena que me ha acompañado tanto, luz de luna tan hermosa como las caricias de los enamorados, sólo soy un recipiente que se llena con recuerdos de amores perdidos, sólo soy una sombra sin sustancia real y tangible para el mundo. Cuando se me permitió amar, ¡lastimé!, cuando me amaron, ¡olvidé! Cuando por fin en la soledad me vi, el dolor y la pena se hospedaron en mi alma, me embargaron, me devoraron.
 La noche sólo la noche me acompaña, ella y sólo ella es mi única amante, y al salir el sol, al anunciarse son su primer rayo, nos dejamos sin despedirnos del todo. Yo regresó al frío de la tierra, la noche se pierde en el tiempo muerto, la vida regresa al espacio.
 He vivido y sobrevivido, si es que a ésto se le puede llamar vida, soy en el mejor de los casos, un recuerdo de algo mejor y la promesa de lo que no será, en el mejor de los casos estoy muerto para el mundo, para la sociedad, en el mejor de los casos no existo, soy ficción, en el mejor de los casos no debería dolerme, pero la tierra que habito es fría igual que las sombras que me cobijan, abandonadas, muero en todos los amaneceres, “renazco” en todos los anocheceres, me pierdo en los caminos olvidados, polvorosos, cansados de sí como de mí. Vagó sin destino, me detengo por horas a observar el tiempo, tiempo que no pasa, ¡Para mí no! Rincones secos gélidos que lleno con mi pesar con mis despojos con mi dolor, por los siglos de los siglos, mi amor.

sábado, 29 de agosto de 2009

La experiencia de la radio en la vida cotidiana.

Con motivo de la celebración del día internacional de la radio les comparto un viejo escrito que tiene que ver con esto de la magia en las ondas hertzianas
El radio despertador sé encendió a las 06:00 am como de costumbre. La voz familiar del locutor del programa matutino sonó animosa dando los buenos días y expresando los mejores deseos para su audiencia.
Pedro se levantó con trabajos, él sueño le hacía añorar la cama y la bendita almohada, tan blanda y atrayente. Estuvo a punto de desvanecerse de nuevo entre las blancas sábanas, pero la voz del locutor quién no había parado de hablar exclamó un sonoro
¡Órale a levantarse amigos coooon... ganas!
Pedro recibió el mensaje y se apresuró a comenzar su día, mientras se bañaba y después almorzaba escuchó las noticias, después pensó que ya era demasiada información.
—En el camino será mejor escuchar música, de preferencia optimista —se dijo así mismo el buen Pedro.
A través del radio en su coche Pedro escucho la estación con la música que más le gustaba y de hecho evito un trayecto conflictivo gracias a un efectivo informe vial, así fue de su casa a la escuela y de la escuela al trabajo, siempre con la radio acompañándole e informándole de cosas de su interés personal, como aquel producto que tenía tantas ganas de comprar desde hace tiempo.
En la tarde, ahí a través de las ondas hertzianas, la voz sensual de una locutora le hechizaba, esa voz que le invitaba a soñar con ella, nunca la había visto en su vida, pero sólo con escuchar aquella irresistible voz la imaginaba toda una belleza, soñaba (vaya que soñaba) con algún día conocerla, y quien sabe, quizás con un poco de suerte su vida sería otra cosa.
Con el tiempo la vida le ofreció a Pedro una esposa amorosa e hijos (lástima nunca pudo conocer a la locutora). La radio lo siguió acompañando en el transcurso de su vida, como en aquella ocasión que le dedico una canción a su esposa por el aniversario cumplido, o aquella otra ocasión que hubo un temblor de una magnitud fuerte, se produjeron cortes de energía eléctrica y sólo con su radio de pilas supo lo que había que hacer para mantener a salvó a su familia.
Tiempo después gracias a la radio pudo encontrar a uno de sus chamacos (él muy canijo en plena etapa de rebeldía se había fugado de casa) Pedro logró que un locutor de alguna estación en un programa que a su hijo le gustaba le diera el mensaje de su padre en vivo para arreglar sus diferencias, su hijo tardó pero al final regresó a casa.
El tiempo siguió, Pedro ahora con más sabiduría y canas plateadas, gustaba todavía de escuchar en la radio la música que de joven le gustaba tanto.
Ahora que sus hijos ya habían hecho su vida, su esposa ya había partido, la radio era su mejor compañía. Esa noche Pedro soñó que escuchaba la voz sensual de la locutora, esa voz tan bella le invitaba a subir con ella a volar, y Pedro sentía que se elevaba, subía cada vez más y más, veía su casa desde las alturas, sintió que debía dejarla, viajaba a velocidad increíble, seguía el sonido de la voz de la locutora, a través de la ciudad, entraba en las casas, observo a sus hijos con sus familias, quiso despedirse de ellos pero se veían tan tranquilos, no quiso molestarlos, seguía viajando a través de aquello ¿Qué era? Y la respuesta vino a través de la voz sensual que le susurró
—¡Son las ondas hertzianas! ¡Las ondas de la radio! Ahora irás a un lugar mejor donde estarán los que amas, pero algo de ti quedara por siempre aquí, al final un poco de todos se queda flotando en el aire, en el espacio formando parte de la radio, Pedro sonrío y una parte de sí se fundió en aquello que lo había acompañado a través de su vida.

Salvador Méndez
29/08/09 ®



2do relato con temática hertziana

Benemérito Pérez esperaba con ansiedad escuchar por lo menos el resumen del partido de su equipo favorito, ese que sabía que no podría ir a presenciar y disfrutar en medio de la fanaticada. El consumo de bebidas embriagantes, el griterío y coros de la porra (para no hablar del sudor y el olor a chivo) con entonación de cantos de y sus respectivos abucheos y recordatorios para él árbitro, no le agradaban ni un poquito. Y además no se atrevía a faltar de nuevo al trabajo en tan poco tiempo, se cargó su radio de pilas y se apuró en la mañana para estar más desocupado por la tarde, encendió la radio a la hora predestinada para que sus héroes del balompié se esforzarán a salir y batirse por la victoria. En el preciso instante que ya empezaba el partido una mano tosca se le recargó en el hombro mientras una voz seria le preguntaba
—¿Qué hace Pérez, otra vez perdiendo el tiempo? —Benemérito solo pudo pensar que era el supervisor de su área y que le esperaba un regaño, se dio la vuelta resignado a ver al fustigador en persona y solo encontró la cara burlona de su compadre Murciano Sánchez quién empezó a reírse del susto metido hasta el fondo del alma del compadre—. ¡Vaya que eres un asustadizo en toda la extensión de la palabra!
Benemérito solo contesto
—Vamos a escuchar el primer tiempo mientras se termina nuestro turno, el segundo tiempo lo iremos escuchando en el camino.
Así lo hicieron mientras discutían sobre cuál equipo era mejor, cuál jugador era mejor esté o aquel, eran compadres pero rivales de afición. El conductor del microbús cansado de tanto alegato le prendió a su radio y le subió a las canciones de la Pelirroja Herrera que era una de sus cantautoras favoritas de canciones de aventuras y borrachos, con lo cual los compadres dejaron un poco la discusión y aumentaron la sed por una cerveza.
Al llegar a su casa después de despedirse del compadre con un sonoro silbido dedicado a la progenitora de su compadre para recordársela de forma “cariñosa”, Benemérito encontró a su esposa lavando los trastes mientras escuchaba en la radio su programa favorito de chismes (el cuál a Pérez le caía re gordo), en el fondo su hija adolescente reía y gritaba con enorme júbilo.
Benemérito se acercó y escucho que un radio estaba prendido y a través del aparato se escuchaban las risas de su hija y la voz de un locutor que la felicitaba por haber contestado muy bien la pregunta del concurso y ganarse un par de entradas al concierto del grupo que tanto le gustaba,
Benemérito pensó “Al menos así, a mí no me cuesta nada”.
Atrás en el patio en su silla mecedora el abuelo escuchaba a su inmortal cantautor preferido con aquellas canciones que le recordaban a la abuela y el olor de aquel tabaco que el matasanos le había prohibido hace tanto tiempo.
Benemérito decidió recostarse en el dormitorio y relajarse mientras escuchaba el análisis del partido y después las noticias más importantes del día, hasta que, para molestia de su hija (a quién en ese momento le dedicaban una canción por la radio de parte de algún admirador de la escuela), lo que más se escuchó fueron los ronquidos del mismo Benemérito.
El Domingo llegó, Benemérito y su compadre Murciano se acomodaban frente a la televisión para ver el enfrentamiento decisivo para sus equipos, las esposas ya habían acercado las botanas y el licor de los reyes más nobles de la creación, conocido simplemente como cerveza. Todo estaba listo y... ¡La energía eléctrica decidió ausentarse de tal reunión y con ello la trasmisión por televisión!
Después del coraje y berrinche inicial Benemérito saco el radio de pilas y concordó con su compadre en que a veces es mejor imaginar lo que se escucha que verlo.
Las ondas hertzianas les llevarían la gloria o la derrota a través de la señal en el aire, sería otro buen domingo más en el paraíso de un barrio cualquiera.

Salvador Méndez
29/08/09 ®


3er relato hertziano

Jacinto Peñalosa mejor conocido por el apodo del “conejo madrugero” en la estación de radio donde trabajaba como locutor del programa de “rock de medianoche”, al cual eran aficionadas todas las almas desveladas y penitentes que acompañaban la emisión desde las doce hasta las cinco de la mañana, todos los días, menos claro, el domingo que era el descanso obligado, el lunes que era el día que a Jacinto no le amanecía tan bien o en pocas palabras amanecía un poco indispuesto por culpa de alguna cruda (también moral), y el martes porque el gerente de la radiodifusora no creía que ese día hubiera tantos radioescuchas como en los otros días. Su vida no era complicada, o al menos eso creía él.
El buen Jacinto nunca se hubiera imaginado que tendría que dejar el programa cuando por fin había logrado tener el máximo rating de transmisión, hasta que el gerente el Sr. Caimito, como le decían de “cariño” los locutores, le hizo saber que su programa saldría del aire porque los ejecutivos de la estación habían decidido que era mejor transmitir a un doctor de lo oculto que daría recetas vegetarianas y metafísicas por medio de la sapiencia heredada por los espíritus concejales que tenía, y en fin para ese programa ya tenían algunos patrocinadores asegurados.
Así le llegaron las doce de la madrugada del miércoles para amanecer jueves al pobre Jacinto Peñalosa, alias el “conejo madrugero”, que para ese entonces más bien se sentía “conejo destazado”. Sin tener nada que hacer en casa y con un insomnio marcado por la costumbre de las trasmisiones y esperando con una esperanza desesperanzada a que por lo menos el gerente lo llamará para algún otro programa (aunque tuviera que trabajar los vengativos lunes), para algún buen espacio en la radio. Pero era una espera inútil, no habría llamada, en el fondo lo sabía. Algo parecido sufrieron las almas desveladas y penitentes que sintonizaron la frecuencia esperando encontrar la familiar voz del “conejo” y en su lugar encontraron la voz medio chillona de un tipo que decía curar por medios telepáticos a los desafortunados “hermanos de la creación”.
Para aquellas almas acostumbradas a desvelarse por trabajo o por simple gusto escuchando al conejo, no les pareció en nada aquel cambio y para nada se sentían hermanos de ninguna creación del tipo de voz chillona.
Los reclamos vía email, de forma telefónica y demás medios conocidos no se hizo esperar. Al poco tiempo el gerente de la radiodifusora tenía afuera de las instalaciones a un grupo bastante variado de esas almas de medianoche protestando por la salida de su máximo entretenimiento para aguantar la incertidumbre de la madrugada.
El gerente “caimito” de nombre real Carmelo pronto se dio cuenta de la mala publicidad que esto le acarreaba y trato de contentar a los radioescuchas con promesas de una nueva emisión quizás otro día como digamos domingo, lo cual no le agrado a las almas, ellas querían su dosis habitual de miércoles a sábado y nada más los haría cambiar de parecer.
Después de una semana de tantas recordadas de las que hieren al gerente, pedradas a su auto. No le quedo más de otra que contactar al “conejo” que para ese entonces ya no concebía que su vida girara en otro ámbito que no fuera la radio y le reestableció su emisión para el descanso de las almas madrugadoras y el descanso de la progenitora del Sr. Caimito.
Por su parte el “hermano de la creación” que hasta eso ya había logrado algo de audiencia en seres algo raros y de tipo esotérico como él, tuvo que conformarse con transmitir los domingos lunes y martes, y de parte de su audiencia no hubo quejas, si acaso nada más la del propio “hermano de la creación”, ya que el día lunes, decía sufrir por una “cruda de tipo telepático muy inexplicable”.

Salvador Méndez Z
29/08/09 (R)




viernes, 28 de agosto de 2009

El encarcelamiento de Maria Susana

María Susana fue aprendida una tarde de verano, en la que degustaba una congelada de rompope en el parquecito cercano a su casa, los encargados de apresar la atención de Susana, fueron los ojos color café claro de y sonrisa de diablillo de Tereso Fuentes, quién desde un columpio le mandaba órdenes de cateo para el corazón de Susana, todo ésto para buscar pruebas en lo profundo de los sentimientos de Susana, pruebas de que había secuestrado el corazón de Tereso.
Susana se resistió al arresto, trato de negar su participación en tal secuestro, trato de ampararse bajo la coartada de la indiferencia, pero sin querer o queriendo mucho, sus ojos y su ser acababan tarde o temprano por devolverle la mirada y la sonrisa a un emocionado Tereso, quien no espero más pruebas y arremetió con todos sus ímpetus en la morada del alma y sentimiento de Susana.
Tirando abajo la puerta de la prudencia para esposar por fin a una enamorada Susana, quién no tardo en los días siguientes en tratar de sobornar por medio de besos y abrazos a un fiscal al que nunca le saciaban tales sobornos, queriendo siempre más y más, por lo que la libertad de Susana no estaba ni medianamente cercana, cosa que a ella no le molestaba en lo más mínimo y más bien deseaba que se le dictara cadena perpetua de caricias, cosa que el joven Tereso Fuentes le apetecía sobremanera se llevara a cabo para castigar a la culpable de María Susana por tal afrenta de nublar su buen juicio y enviciar su mente con drogas alucinógenas que le hacían ver y desear a Susana por todos lados y a todas horas, el proceso de Susana fue un poco lento, a pesar de las presiones del fiscal llamado deseo que empujaba al denunciante y carcelero Tereso y a la confesa Susana a fundirse en uno solo dándose muerte mutuamente, aunque al fin se dieran vida, vida que en un principio Maria Sunana tuvo que cargar por ocho meses y medio, meses en los que cargo con su bolita de carne sin cadena y sin atarse al pie, solo estaba atada por medio de un cordoncito umbilical, pero cumplía con la misma función de la bola de hierro de alentar su paso y no permitirle el escape.
Tereso por su parte al principio trato de deslindarse de la responsabilidad pero el supremo juez de la vida de Susana llamado vulgarmente padre y nuevo suegro de Tereso, acabo por convencer al joven –no de muy buena manera- de aceptar el hecho que ya no podía ser deshecho.
Así fue como una tarde de un mes de Marzo, que ante un verdadero juez quedaron unidos ante la ley, María Susana quedo sentenciada a respetar y querer a un marido que con el tiempo dejo de respetarla y de quererla, aunque a pesar de esto ultimo parecía obsesionado con el hecho de llenarla de hijos para que ella tuviera cadena perpetua de lavar ropa, preparar comida, planchar y hacer aseo, que incluso en muchas ocasiones era de personas ajenas que le pagaban para que así María Susana completara su magro gasto, el cuál nunca le alcanzaba ya que Tereso prefería ocupar gran parte de su sueldo en gastarlo con sus amigos y nuevas conquistas de fin de semana, mientras una cansada Susana esperaba encerrada entre las paredes de una casa donde faltaba todo y sobraba el desamor, su carcelero llegaba en la madrugada pero ya no le repartía abrazos ni besos. Como dotación a Susana le tocaban ahora reclamos, groserías de todo tipo, desplantes y hasta golpes de un embrutecido que ya no deseaba vigilar y cuidar de su reclusa y más bien hubiera preferido enviarla a la silla eléctrica para no tener que verla ya.
María Susana pensó en varias ocasiones en amotinarse y escapar pero el pensar y recordar a sus hijos y presa de su educación retrograda religiosa que veía con malos ojos a una mujer que abandonaba a su marido, provocando que sus hijos estuvieran sin padre, más el hecho de que nunca había aprendido a ser del todo independiente y temía salir a buscar trabajo sin preparación, todo esto le cortaba las alas y la fuga se quedaba solo en sus sueños, por lo tanto los años pasaron para la pobre María Susana, educando a sus hijos lo mejor que podía, tratando de que sus hijas no acabaran repitiendo el circulo vicioso con la esperanza de si bien ella ya nunca sería libre, quizás podría serlo de alguna manera a través de la libertad que sus hijas se formaran al no aceptar cadenas de ningún hombre abusador, cadenas que al principio siempre estuvieran disfrazadas y forradas de terciopelo y rosas y acabaran siendo terribles cadenas aderezadas con sólo las espinas de las rosas, trató así mismo de formar a sus varones para qué imitarán a su padre, lo cuál logro de forma más o menos regular, a pesar de los regaños de su padre diciéndoles que se volverían maricas si seguían los consejos de la loca, como cariñosamente llamaba a Susana.
La libertad de aquel presidio le llego a Susana una tarde de invierno, después de toda una vida recluida en la cárcel del olvido y el maltrato, el único abogado que le consiguió su libertad fue la muerte, la muerte fue al final el único liberador de una condena y encarcelamiento que empezó con un simple secuestro del corazón.

martes, 21 de julio de 2009

Las tuercas


¡Ay olvido, ya me volviste a dar!


Las tuercas


Martín sintió la tuerca "hacer caminito" por su hombro, pegar en el respaldo de su silla y rodar por el piso hasta perderse debajo de la cama, para nada era la primera vez que experimentaba la fuga de una tuerca de su cabeza, al inicio pensó que se le venía encima una crisis nerviosa, simplemente no creía lo que veía y sentía cuando de su oreja le saltaba una pequeña tuerca plateada la cual termino por sumergirse en la bañera. De inmediato quito el tapón y dejo fluir el agua hasta que pudo observar el fondo, no había ni seña de la mentada tuerca; ¡Era obvio que no hubiera nada! Pero es què lo sintió tan real.

Después cuándo le siguió aconteciendo (a veces dos tuercas por mes), empezó a comprender que esas pérdidas eran inevitables y hasta naturales. Con el tiempo esos extravíos se extendieron a tres por quincena hasta llegar a su situación actual de una tuerca por día, ahora entendía plenamente que cada tuerca formaba parte esencial de la maquinaría que era su cerebro y peor aún su memoria, y exclamó: — ¡Cada día una tuerca! Por eso es que cada día se me dificulta tanto el recordar, cada vez soy más lento, las reacciones se congelan, mi cerebro ha dejado de asimilar.


Martín sabía que tarde o temprano todas sus tuercas se escaparían, la maquinaría tan atrofiada ya no se repondría, ya ni siquiera alcanzaría a reflexionar, y fue en medio de ese reflexionar que se escucho otra tuerca caer al suelo y perderse entre la madera.

— ¡Caray! ¡Otra más! Desde que perdí la primera hasta la actual, si las hubiera podido juntar ya tendría suficientes para armar la memoria de un perro entrenado o de un chimpancé de los que entrenan para hacer trucos.

A Martín ya no le preocupaba tanto la pérdida de esas tuercas, al menos no como al principio, pues al parecer mientras más perdía, también perdía la obligación de ser apto y también la culpa por sentirse inútil. El consuelo de Martín era que a pesar de tanta perdida de tuercas en su cabeza, todavía conservaba las tuercas más importantes y esas eran las del corazón, las que proveían el movimiento para entender los sentimientos, para su alma, a pesar de a veces no recordar del todo su nombre, todavía reconocía el afecto y el amor en un beso, muchas veces dado por algún extraño que decía ser un familiar.

Otra tuerca más salió por su oreja derecha, haciendo un salto mortal, cayó al vació, pero en lugar de perderse como la anterior en el suelo, ésta fue danzando en brinquitos hasta salir de la habitación y saltar por la escalera peldaño a peldaño hasta topar con la blanca pared e incrustarse en ella para irse sumergiendo poco a poco, una tuerca màs, quizás una voz del pasado de Martín, que a lo mejor se reproduciría alguna vez creando un fantasma a futuro (una psicofonía, dicen los que saben).

Personas de bata blanca le habían hablado anteriormente de alguna pérdida de memoria “natural por vejez” o quizás por enfermedad degenerativa del cerebro, posiblemente principios de Alzheimer o algo así. Martín lo resumía todo tan fácil, tan solo en una simple frase:

—Todo este olvido es porque se me han estado escapando las tuercas de la cabeza, se me caen, es inevitable…


21/07/09 (R)

Salvador Méndez Z




martes, 23 de junio de 2009

Una Mujer (el cuento reciclado)


Se encontraban cuatro parroquianos en una taberna de barrio, un día de tantos un día cualquiera y jugaban domino, bebían cerveza, recordaban tiempos ya idos, tiempos perdidos en los vientos de su conciencia.
Todo era normal, la cerveza era abundante y se degustaba con placer, el humo del cigarrillo flotaba lento, estático, formaba pequeños querubines grises que abrían sus alas hacia la luminosidad del padre eterno (el cuál era representado por el foco del establecimiento).
 Una pregunta interrumpió la gresca cotidiana, una simple pregunta conectó a los cuatro hombres como si se hubieran alineado los astros en el cielo eterno, sus cerebros y sus almas se enfocaron en aquella cuestión que entonó uno de ellos de nombre Josué

—¿Y bien que piensas de aquella mujer?

—¿Aquella mujer?¿Cuál mujer? — Simón lo observo fijamente.

—Es obvio, nuestro amigo se refiere a la beldad que robo mi corazón una noche de otoño hace años —dijo Mario César—. Aquella que envolvía mi alma, que me rodeaba con su esencia, la que persigo siempre entre los fantasmas del pasado, lo nítido de mi presente y las ilusiones de mi futuro, aquella de piel tan brillante como si fuera una diosa, pero no como las del olimpo, no, ella es una diosa moderna, un tipo nuevo de diosa que habita en la urbe, carismática, inteligente, sensual, provocativa, el glamour la envuelve, los hombres no la manejan, ella desmadeja corazones hombres, ella es mi anhelo, lo que le da el ímpetu a mi ser, fluye por mis venas, recorre mi ser, con su forma etérea como un ser de luz, baña mi vida.

—¿En serio piensas eso de aquella mujer? Se te ha nublado la memoria con tanto alcohol —dijo Josué.

—¡No, no está tan errado, bueno, en mi ser, ella representa pura pasión y deseo! —menciono Simón.

—Pasión y deseo impuro, provoca desgracias, es como la peste —mencionó irritado Josué.

—¡Para nada Simón, no la conocen ni la recuerdan como yo! —dijo con amor creciente el buen Mario César—  Yo les digo mis amigos, que ella es la pasión, es lo que arde bajo mi piel, eso que hace que el deseo traspiré por mis poros noche tras noche e incluso de día, su pasión se desborda por todo mi alma, el calor que produce en mí el recuerdo de ese cuerpo esculpido en los deseos eróticos de dios me nubla totalmente la razón, me sumerjo en sus pliegues, juro que he sentido su tacto quemándome, me llega y me lleva hasta lo más profundo, me devora el éxtasis en su totalidad ,eso es lo que es ella, es un orgasmo desde el inicio hasta culminar, es mi pecado, pero por ella me condeno ahora y por siempre, no hay más.

—¡Eres otro más!, Otra pobre alma más que a caído en sus juegos, ella es un ser de lo más insano de lo más adverso que existe, es lo que corroe a los hombres, los desvía, los encamina por veredas siniestras de los que ya no pueden enderezar, se convierten en fruta seca, podrida, ella se alimenta con sus deseos, con sus pasiones, con su amor, ella tergiversa todo, hasta esa tontería llamada amor, el cuál debería ser puro, pero la pureza no tiene cabida en su alma oscura, esa alma envuelta en papel fino de regalo, tan atrayente a los hombres, yo la he visto, he visto sus labios carnosos y jugosos, son de perdición, ¡Lo sé yo lo sé! —dijo un extenuado Josué.

El cuarto hombre de nombre David, bostezo y comenzó a decir:
—Aquella mujer, de la que han hablado a la que han evocado de tan diversas maneras ¡Es una mujer como cualquier otra! Con triunfos y pérdidas, con momentos de risas, con momentos de llanto, no es diferente de nuestras hermanas, de nuestras madres, sabe amar y sabe odiar, tiene deseos y tiene prejuicios, quizás en su mente hay un ser amado, un hombre visto por ella como el más puro, quizás visto con pasión o quizás con odio producto del desamor.
Al final, amigos, ella es una mujer como cualquier otra y no queda otra que brindar a su salud.
—¡Salud, Salud! —respondieron los demás alzando sus vasos.

Cerca de ahí en la barra del lugar otro parroquiano que había escuchado la conversación de aquellos cuatro, le cuestiona con morbo al tabernero
—¿Cómo ve, no le parece que la misma tipa anduvo con esos cuatro?

El tabernero frunce el ceño y después de un breve momento de reflexión le responde al curioso:
—¡Ja! Ojalá alguno de ellos hubiera alguna vez salido con ella o por lo menos hablado. Esa mujer es solo un amor inventado, un fantasma de algo que nunca fue, amor platónico si así quiere llamarle, de hecho no estoy seguro de haberla visto nunca o de que no sea sólo una fantasía irreal, pero debe ser mejor para todos ellos amar algo, aunque sea así, sólo fantasía, un fantasma, una ilusión.

Salvador Méndez Z.

23/06/2009 ®


miércoles, 17 de junio de 2009

Instructivo para componer un poema de concurso (el cuento reciclado)

Primer paso.
Despuès de conocer la noticia del concurso organizado por aquella editorial para la composiciòn de un poema al iztaccìhuatl. Te acuerdas de que realmente no conoces el susodicho lugar, has ido al popocatèpetl pero no al iztla y piensas-"¿Demonios habrà alguna diferencia?".
Segundo paso.
Decides por fin despuès de mucho pensarlo, ir al susodicho lugar (hay que inspirarse bien, el concurso lo vale), eliges despuès de tanto andar y casi torcerte un tobillo, un buen lugar con excelente vista, si no sale poema quizàs salga algo bueno para pintar un paisaje, claro aunque siempre has sido mal dibujante y al fin al cabo de eso no se trata, -¡hay que hacer un poema caray!.
Tercer paso.
Despuès de media hora de observar el paisaje te das cuenta de que daba igual si te quedabas en tu casa o venias aquì,¡las musas estàn de vacaciones!."Media hora màs si no pasa algo bueno por mi cabeza me largo."
Cuarto paso.
Una hora despuès sientes que ya lo tienes, algo acude a tu mente excelsa y poètica, el sentir que ya tienes algo no te permite darte cuenta de que dos tipos mal encarados te han estado observando, lo ùnico que acude a ti en éste caso a tu cabeza no proviene de alguna musa (a menos claro que existan "musas que otorguen dolor)sino de la culata del arma de uno de aquellos sujetos, al caer hacìa atràs antes de desmayar lo que ves por un fugaz instante es el pico coronado de nieve del iztaccihuatl, se ve hermoso.....
Quinto paso.
Una cubetada de agua frìa te regresa del mundo de la oscuridad que es la inconciencia a la dolorosa realidad. Frente a ti hay un tipo muy mal encarado, te golpea, te empieza a cuestionar te acusa de ser soplòn, de ser agente, de querer "joderlos", te amenaza, te dice que ya estàs bien muerto (todo esto con palabras que nunca pretenderìas poner en un poema). Con la boca sangrando y tartamudeando le cuentas todo, lo del concurso, lo del poema, de que no conocìas el popo. ¿El popo?- pregunta el matòn-. ---Perdòn el izta.. Otro golpe se estrella en tu cara, te dice que no lo jodas, te grita, te exige que le digas la verdad; Tù le cuentas màs de que tienes problemas ecònomicos, que si ganas el premio dado por el gobierno del estado al primer lugar te ayudarà a solucionarlos. Te das cuenta de que el tipo sonriè mientras en su mirada observas a la muerte, tu muerte convertirse en un brillito siniestro.
Sexto paso.
En la cúspide de tu desesperaciòn, al ver que no los convences y sentir que la muerte te acaricia los cabellos susurrando palabras con promesas de un amor y paz eternos, promesas de cobijarte con su serenidad por siemprè. Tù recurres a una locura, un disparate, ¡Te ofreces para trabajar con ellos!, de lo que quieran, de lo que se les ofrezca, les dices que les conviene, eres carne de cañon o de presidio, disponible para lo que se les ofrezca, les repites, les recuerdas que tienes que pagar deudas. Ellos se rièn y te dejan solo, encerrado. La muerte susurra a tu oìdo un poema que nunca antes has escuchado, te pierdes en el, es hermoso. La puerta de tu presidio se abrè de nuevo, el poema se te olvida, un matòn te dice que el jefe aceptò la propuesta: "Te daremos un trabajo, una prueba."
Sèptimo paso.
Sientes el peso del revolver en tu chaqueta, en tu mano te han colocado una foto y una direcciòn, te dicen que esa es tu prueba; -"Te lo tienes que echar compadrito y màs vale que lo hagas tenemos tu identificaciòn, sabemos en donde vives, es èl o tù y tu familia"-.
Ahora sientes el peso de esa vida sobre tu espalda, te parece escuchar a la muerte entonando una cancioncita. En el camino, despùes de vendarte los ojos, aquellos dos matones que te sorprendieròn y que ahora son los encargados de llevarte, te dan consejos, te dicen como hacer para que parezca asalto o suicidio, te enseñañ a cargar el arma, te dan una catedra de asesino que ya quisieràn en la universidad, te instruyen en como matar a otro ser humano.

Octavo paso.
Temblabas, sudabas, tenìas la boca reseca, creìas que no eras capaz de matar a un ser vivo, hace media hora te diste cuenta que mataste a un humano, lo màs terrible es que lo hiciste pensando en el bienestar de tu familia, de tus hijos, las musas se han largado para siemprè, la muerte impregna tus poros, tu olfato no deja escapar el olor a polvora, sientes que se vuelve uno contigo, no dejas de sudar, te sientes enfermo, tiraste el dinero que le quitaste, sentìas que te pesaba, mataste a un hombre que solo conociste en sus ultimos momentos... no hay nada que conozcas de él para rezar a su memoria.
Noveno paso.
Les has hablado por telèfono, te han dado el lugar donde van a pasar por ti, quieren ver la prueba que te solicitaròn, te amenazan por si las dudas, te recogen, te vendan los ojos, te revisan, te llevan con el matòn mayor, èl te felicita. Le cuestionas que si eso bastara para poder irte; se burla, te recuerda que te ofreciste para trabajar, apenas comienzas, te da un fajo de billetes, -"¡Toma!, mi gente no es de las que tienen deudas, éste poema que realizaste es de los mejorcitos, de los que me agradan, un poema escrito con sangre"-.
Dècimo paso.
Quieras o no el dinero te ha caìdo bien. Al principio lo querìas tirar, de hecho te querìas morir, pero despuès, los del banco te relataròn un poema acerca de embargos por falta de pago, tu esposa te relato otro de gastos de escuela, de ropa, de vida; al final sacaste el dinero de procedencia oscura y sangrienta y recitaste un poema muy bonito sobre obligaciones cumplidas y resposabilidad.
¡Querìas ser un buen escritor!, ahora el banco te ha felicitado por empezar a pagar y volver al buen camino y ¡Ser un buen ciudadano!...
 Creìas que te habìas librado, pero no fue asì, recibiste la llamada, repetiste la misma operaciòn, te dieròn màs trabajos, pagaste màs deudas, tenìas que inventar algo para justificar el desahogo ecònomico, ¡Inventaste que ganaste el concurso!, ¡Qué gran poeta!
Onceavo paso.
Era un trabajo fácil, una ganga y además te han prometido una excelente paga, te aprietas la conciencia, haces que reluzcan tus dientes, afilas tu necesidad y te apegas a tu supervivenvia.
Esa tarde te pareció recordar el poema hermoso susurrado por la muerte, al menos por un instante, ahora te apresuras para hacer otro poema con sangre ajena. Tratas de pensar en que acabando de pagar todas tus deudas..sería bueno desaparecer del mapa, cambiar de casa, de ciudad, algo se te ha de ocurrir, por que ésto no puede seguir así, tú eres un poeta un artista, no eres una asesino...¡No!.
Algo te ha salido mal...el poema no ha resultado como tu has querido...la tinta de sangre con la que lo ibas a escribir no ha sido la de tu víctima, ¡Es la tuya!, fluye de tu cuerpo, la desperdicias y no te ha quedado más que emprender "una carrera desenfrenada hacìa el punto de reuniòn con tus patrones". Les hablaste, les solicitaste ayuda,el trabajo no fue fácìl, la vida que se te va te da cuenta de eso, aún así te aferras como los naufragos, como puedes te encaminas al Iztaccihualt, esperas a que ellos lleguen mientras observas el manto de nieve que lo cubre. Y es curioso -piensas, ahora se te ha ocurrido un poema bello acerca de dulces promesas de descanso y paz en las faldas de la doncella dormida, de acompañar por toda la eternidad  a la majestad mientras la eternidad no se aburra de este mundo, la sangre sigue escurriendo y sientes desvanecerte, la vista se nubla (ellos no van a llegar), el poema es realmente hermoso, hubiera ganado el concurso, la muerte te susurra que sì, tu sangre derramada te lo confirma

Salvador Méndez Zarza El Bohemio (R) México 2009